Por: Julián Cárdenas Correa
El escritor de temas económicos y promotor de la libertad económica, Henry Hazlitt, señaló en su libro “La Economía en una lección” que “El mal economista sólo ve lo que se advierte de un modo inmediato, mientras que el buen economista percibe también más allá”. Y en esto básicamente consiste la lección económica que Hazlitt pudo, con mucha brillantez, reducir a una lección: Las decisiones económicas deben analizarse a la luz de todos los grupos a los que afecta y, obvio, mirar no sólo primeros e inmediatos efectos, sino también consecuencias de mediano y largo plazo.
Así como hay buenos y malos economistas, podemos asegurar que, desde esta perspectiva, todos los colombianos tenemos algo de economistas y, eso sí, eso que tenemos de economistas, lo tenemos de malos economistas.
Los primeros malos economistas son el presidente Petro y su ministro de hacienda. Todas las decisiones están basadas en impactar a unos pocos grupos poblaciones en el cortísimo plazo. A motivación a veces es simplemente el resentimiento, no ningún sustento teórico ni práctico.
¿Cómo es posible que reformas estructurales como la de la salud no tengan análisis fiscal? ¿Cómo es posible que una reforma pensional no contemple el déficit de largo plazo? Y ¿Cómo es posible que una reforma laboral no revise modelos económicos de equilibrio general e intertemporales? Podemos calmar el hambre de alguien hoy, o de millones, a través de ayudas; pero eso implica comprometer recursos de largo plazo que tendrán sólo una posibilidad de compensación: más impuestos. ¿Podemos facilitar el acceso a pensiones incluso de quienes no han aportado al sistema? Claro que es posible, pero eso tiene un precio. Nada es gratis. Y las nuevas generaciones tendrán que pagar ese precio y ese precio será muy elevado. ¿Podemos recaudar impuestos para tapar huecos en 2023 y 2024? Las cifras de la DIAN muestran que sí, pero eso tiene también una contraprestación: Menor rentabilidad, que motiva menor inversión y a la larga, menor producción industrial. No hay que esperar muchos años… las cifras de los últimos seis meses lo evidencian con creces.
Desarrollar el pensamiento contrafactual es uno de esos desafíos intelectuales que resulta difícil a cualquier ser humano, por lo que podemos esperar que los congresistas del Pacto Histórico y los actuales ministros, que se destacan por confundir activismo con autoridad intelectual; no sólo no desarrollen ese pensamiento contrafactual, sino que, además, no entiendan de economía y menos de cómo las decisiones afectan a múltiples sectores y a niveles de largo plazo que hoy no son evidentes.
¿Será que en las cuentas de la reforma pensional, hay un análisis juicioso y riguroso de las tendencias poblacionales de mediano y largo plazo del país y su incidencia en la población económicamente activa cuyos máximos empezarán a declinar en menos de veinte años? Es bastante probable que todas las decisiones del actual gobierno miren solamente el impacto de sus medidas para los próximos meses (incluso días, si lo hacen con miras a las elecciones del 29 de octubre) y así, no se construye un
país, así no se cimientan las bases de los cambios positivos que el país demanda.
Nota: El próximo 22 de octubre son las elecciones en Argentina. Si Javier Milei obtiene el triunfo, quizás sea un llamado a que empecemos a defender con más vehemencia las ideas de las que muchos estamos convencidos, pero sobre las uales muchos también son vergonzantes.

