Una guerra de verdad

James Cifuentes M.

Columnista

Crec? bajo la idea de que fuimos el resultado de una colonizaci?n infortunada, porque, dicen, salimos del cruce de unos bandidos, de una clase marginal de hombres, que sin mucho que perder ni que ganar, se prestaron a la aventura de montarse en unos barcos y venirse a explotar las ?indias?, en nombre de la corona española; y se quedaron, y tomaron lo que hab?a; y ellos, y los que ya estaban, hoy somos nosotros, los mestizos, que nos miramos al espejo y no sabemos si somos más de allí o más de ac?.

 

As? sucedi?, en grandes trazos, del r?o Bravo hacia abajo, porque, parad?jicamente en Am?rica, el sur ha sido más rico y extenso que el norte pero menos pr?spero. Seg?n contaba el maestro Germ?n Arciniegas, a quien tuve la fortuna de verle y escucharle alguna vez en Pereira, ello dependi? del modelo de invasi?n de los colonos, de si se mezclaron o no, llev?ndonos a elucubrar ?qu? hubiera pasado, si en lugar de los españoles, estas tierras latinoamericanas hubieran sido dominadas por los ingleses?; nos lleva a imaginar, como lo hizo Arjona, si el norte fuera el sur.

 

En Colombia, la de las tres cordilleras, alternamos el ma?z y el trigo, lanzamos el tejo y los dados del parqu?s, surgimos con la malicia ind?gena y con la fe en Cristo, como un injerto social, con toda esa confusi?n y esos vicios que nos caracterizan como proclives a la trampa y al esguince, con tan poca reverencia por la ley, y, lo más grave, con ese virus de la intolerancia que nunca nos ha dejado vivir en paz.

 

Aunque nos hemos desangrado a lo largo de 200 años, primero por unas causas y luego por otras, salvo por la de los Mil D?as (1899 – 1902), que dej? 100.000 muertos y el roce con el Per?, en 1932, que fue una escaramuza librada con las u?as, jamás hemos afrontado una verdadera guerra; nos hemos matado nosotros mismos, en n?meros incluso más grandes, en escenarios aislados de violencia interna, atomizados entre dichas y tristezas, sin poder entenderlo, porque no todos vivimos la misma realidad ni el mismo conflicto.

 

La guerra de verdad est? a la vuelta de la esquina, con el patrocinio de grandes potencias y todo el poder destructor de las armas que ni siquiera imaginamos. Sin que hayamos tenido el tiempo para pensarlo, tendremos nuestra propia Siria en Venezuela y yo pregunto ?La simpat?a con Estados Unidos es suficiente para justificar la intervenci?n en un pleito ajeno, que pone en riesgo la seguridad nacional?

 

Una guerra con Venezuela no seráa de izquierda ni de derecha, seráa solo guerra.

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