Competitividad y desarrollo. Espejismos y opacidades (I)

La competitividad ha sido un término manoseado en el mundo económico, social y político y se constituye, hoy día, en la piedra angular del vetusto paradigma neoliberal. Al igual que otros vocablos (emprendimiento, liderazgo, globalización, reingeniería, sostenibilidad, ecoeficiencia y conectividad), este fetiche empresarial se convirtió en una moda gerencial más que concita la atención de eruditos y profanos; un Ingrediente más del recetario de pócimas infalibles; una pieza infaltable en ese relicario de retóricas inocuas; piedra filosofal que guarda el secreto de palabras abracadabrantes tales como calidad, coaching, benchmarking, empowerment, outsourcing y otros tantos sofismas. Con ellas, los gurúes revisten sus viejas y ajadas desnudeces conceptuales y, para hacerlo todo más sugestivo, las orlan con artilugios perceptivos, rutilantes ideogramas y visiones misionales vacuas…

Forman parte de ese credo religioso asumido desde el santo sanctorum académico como liturgia didáctico–pedagógica con su menú de letanías, exaltaciones, confesiones y penitencias. A base de “sermones laicos”, truculencias verbales y estadigráficas proferidas por los supremos sacerdotes (gerentes, administradores y comunicadores), con su séquito de abogados, consultores, economistas y planeólogos, grey de funcionarios arribistas, medrosos, y despistados que, al entrar en escena, dirán mañana por qué no ocurrieron las cosas que, con sapiencia lega, pronosticaron ayer. En su condición de acólitos del sistema, exhiben el santo grial del emprenderismo y recitan salmodias salvíficas que hablan de una vida empresarial etérea y supraceleste donde sólo llegará el indocto, penitente y confuso feligrés que cumpla con el sacrosanto mandato del ofertorio neoliberal.

Medidas económicas que mentirosamente “tasan” la relación costo–beneficio; niegan, justifican o minimizan la pobreza; aceptan estoicamente la miseria como un mal necesario; hacen llamados a la paciencia y la austeridad en medio de la opulenta y pútrida corrupción; creen de manera obcecada en el crecimiento económico como resultado indefectible del aumento en el PIB, RPC y el MOF; ven con suspicacia y escepticismo todo programa de participación social; satanizan los aportes sospechosamente heréticos de la sociedad civil y las ONGs; desacreditan las políticas sociales (“la única política social es la económica”); “maniqueizan” el Estado y hablan de la cercanía apocalíptica de su fin. Con todo ello, esos escribas del sistema, canturrean hosannas y aleluyas propios del capitalismo solidario que delinea la marcha inexorable de la injusticia y inequidad hacia el tan anhelado “desarrollo”.

La prolija circulación de ciertas mentiras verdaderas sobre nuestra compleja y contradictoria problematicidad, nos lleva a adoptar medidas económicas y políticas errátiles; emprender caminos sinuosos, áridos y ajenos a esa necesaria y urgente perforación del pedregoso derrumbe que obstruye la búsqueda ética de alternativas prosociales y políticas justas y equitativas. Se vuelve urgente y necesario confrontar, de una vez por todas, esa noción fría, calculadora, asistémica y descontextualizada que analogiza el “competer” con la formación de un espíritu imbuido de voraces disputas y rivalidades, falsas expectativas que pierden de vista la noción angular de que los individuos sólo se educan en el saber ser–hacer, para estar en el mundo de forma digna y solidaria. Se agotan las vanas excusas que justifican miserias, injusticias e inequidades.

gonzalohvallejo@gmail.com

Otras opiniones

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1 COMENTARIO

  1. Gonzalo : cuando estaba en el colegio un compañero pronunciaba sin cesar esta elocuente oración: eso no es óbice para pignorar hechos fehacientes, que de otro modo implica que no deben estivarse a la intemperie.Ergo mater tua .Al leer tu columna de hoy regrese a mi juventud.
    Gonzalo : tu que eres tan inquieto intelectualmente ,deberías profundizar en conocer cómo realmente se crea competitividad , la sociedad lo comprenderá y te lo agradecerá

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