El Cerro Machín, el volcán “pequeño pero picoso” que amenaza el corazón de Colombia

En el centro de Colombia, donde las cumbres nevadas suelen dominar el paisaje, se esconde un pequeño pero temido gigante: el volcán Cerro Machín. Apodado “pequeño pero picoso” por la geóloga Gloria Cortés, este volcán de apenas 2.750 metros de altura representa un desafío latente para el país, que aún lleva en la memoria la tragedia de Armero.

Aunque su última erupción ocurrió hace 800 años, el Machín sigue siendo considerado un volcán activo. En palabras de la vulcanóloga del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, del Servicio Geológico Colombiano (SGC), el Machín es un paciente de “mucho cuidado”, ya que cualquier nueva actividad podría resultar devastadora. “Es un volcán bajito, pero altamente explosivo”, recalca Cortés.

Un volcán con una tapa inestable

Una de las características más singulares del Cerro Machín es su cráter de 2,5 kilómetros de diámetro, cubierto por una espesa capa de vegetación que actúa como una tapa. “Si llega mucho magma desde el interior de la Tierra, lo primero que hará es levantar esta tapita para liberar todo el material volcánico”, detalla la geóloga.

La violencia de las erupciones pasadas del Machín queda plasmada en los depósitos de lahares que han dejado huella en la región. Estos flujos volcánicos, compuestos por agua y escombros, arrasan todo a su paso, y son considerados uno de los mayores peligros asociados a la actividad volcánica.

Un millón de vidas en riesgo

A pesar del peligro, el cráter del Machín está habitado, e incluso alberga una escuela donde estudian niños. En sus alrededores, ciudades como Cajamarca, Anaime, Coello, Toche y Tapias han construido su vida sin tener en cuenta la amenaza que duerme bajo sus pies. Según estimaciones, un millón de personas viven en el área de influencia del volcán.

La situación es aún más crítica debido a la cercanía del Túnel de La Línea, por donde transita el 50 % del comercio de Colombia. Además, el Machín está muy próximo al río Magdalena, el más importante del país, lo que podría agravar las consecuencias de una eventual erupción.

Aprender de la tragedia de Armero

La catástrofe de Armero, en 1985, cuando el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción provocando una avalancha que sepultó a más de 23.000 personas, sigue presente en la memoria de Colombia. Para Cortés, Cajamarca, situada a solo 7 kilómetros del Machín, “es al Machín lo que Armero fue al Ruiz”.

La geóloga, que evitó la tragedia de Armero gracias a un examen que la retuvo en la universidad, subraya la importancia de aprender de los errores del pasado. “La erupción del Ruiz no fue geológicamente tan grande, pero se convirtió en un desastre por la falta de gestión del riesgo”, advierte.

Prepararse para lo inevitable

Cortés es clara: no se puede predecir cuándo hará erupción el Machín, pero es necesario estar preparados para el peor escenario. “Una gran erupción no tiene que ser sinónimo de un gran desastre”, señala, insistiendo en la importancia de una adecuada gestión del riesgo, como la evacuación preventiva.

El Cerro Machín, aunque en silencio, sigue bajo constante vigilancia del Servicio Geológico Colombiano. “Los volcanes tienen su carácter y tienden a repetir su comportamiento a lo largo de miles de años”, dice Cortés. Quizás no lo veamos en nuestra vida, pero el Machín, “el pequeño pero picoso”, es un recordatorio constante de que la naturaleza siempre tiene la última palabra.

Por ahora, este volcán sigue dormido, pero la pregunta es: ¿por cuánto tiempo más?

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