Digamos que era una mujer delgada y dura…
Con ojos verdes y grandes…De huesos largos para las calles angostas, para las duras vías.
Que sacaba la lengua roja de tabaco entumecida, bajo un invierno que no pasaba sobre el otoño…invierno avaro que no se decidía a soltar la nieve…
Tenía cabellera nimbada de niebla pesada; smog que coronaba su testa de ideas ateridas.
Que su falda negra estaba sucia y el ruido de la gran avenida le traía sin cuidado porque ella, no tenía oídos para el mundo…
Solo ahusados y afilados garfios de cortesana eslava
que le servían para conseguir favores; el pan y la cerveza la siesta bajo la lluvia.
Que venía del este…
porque del este, (durante aquellos años)… llegaron sueños rotos…
Sueños que no maduraron y se convirtieron luego en imágenes truncas de cosecha…
–Muchachas inclinadas sobre el surco helado y radiactivo de las sandias y las flores secas–.
Que había besado bocas curtidas en un vino duro y amargo de ciudadanos sin nombre y sin papeles.
Que ponía cara de madona dorada bajo la lumbre de un icono quemado sin hacer ascos, sin mover los ojos. Con las costillas más flexibles de la calle
y su piel amoratada de muchacha triste en espera del verano.
Porque, ese estar así de norte a sur
caminando sobre zapatos- oferta -de supermercado con la cartera china del “Todo a Cien”
y la soledad esperando en un cuarto de numero oxidado…
(Muñeca rota sobre de la mesa en la pensión del centro)¿ Obliga a tensar las cuerdas que amarran la coraza negra del corazón.
(Casaca a la intemperie, ritmo de tambor resfriado cabello largo y rojo de eslava en la redada).
Las cosas pasaban con fugaz algarabía…Autos veloces cruzaban bulevares de rondas periféricas que se internaban en los parques suburbanos; intentabas mantener con falso gesto de alegría, la estructura dolorosa del esqueleto… Apretando los órganos al centro…
( cosas que pasan en las arterias de la vida; transcurren en los callejones de hoteles baratos; y se sienten bajo la yugular, cerca del pecho).
Tu sonrisa cansada y manchada por el humo de cigarro en las tabernas…
Luego, la cama espartana y un refresco de cola para mitigar la sed.
(La sed del animal urbano, es dulce y seca; corazón que se agita sobre un platito de café en la mesa del mantel de linóleo cuadriculado).
Recuerdo…
La curva de un trasero magro y más allá, la pantorrilla iluminada de una atleta bohemia; ahora, entregada a la longitud de una mansión semiderruida. La vieja casona que habitara en su momento, un poeta tropical en el exilio. Ventana gris de cortinas viejas que caen a plomo, detenidas bajo una luz de champaña añeja.
Así, tus caderas como un muelle de luz…Esperan la quilla de un barco averiado.
Vientre duro de Rumania. Flaca condesa de Bucarest. Con aretes baratos y cartera de Taiwán…Un beso que rueda bajo el agua oxidada de la ducha caliente…
Un poco de metal arrugado; papel que arde en la pipa de diseño improvisado con ese brillo que emana de micro asteroides urbanos ¿ que perforan los pulmones de prófugos y desahuciados.
Cuando uno tiene que salir a buscar el sol pequeño¿ que muere cada tarde dentro de la cinta del estómago
Se lleva una provisión de ceniza ¿ en la boca sin palabras.
La quemadura de aquel beso iluminaba la penumbra del cuarto.
*****
A través de un relámpago
venía tu voz cortada por un rayo¿ en medio de la estepa urbana.
La lluvia caía y se perdía detrás de una vitrina.
Una cabeza de cordero muerto¿miraba un astro, apagado y moribundo.
Cabeza de cordero muerto
Esperando un cuchillo o una boca hambrienta.
La mano del ángel con overol ensangrentado¿ apartaba el sacrificio de la vista¿ cerraba el firmamento.
Y nosotros, caminábamos, corríamos, reíamos….
Hermanados en la complicidad; iluminados por una visión grotesca
en un idioma que se inventaba día a día¿ en las esquinas, en las calles, comiendo un kebab con una cerveza…
Y tenía el gusto por la palabra oliva.
Y la libertad cuello de un cisne
agitaba su torso al libre vuelo; defendía como fiera la luz verde de su bosque…
(La sangre desatada en la cuchilla de la navaja¿ teñía la frazada de la noche).
Un idioma quebrado de iletrados…
Analfabetas, exiliados, e inmigrantes.
Se hablaba sin documentos…
Traía esa clandestinidad fresca de las fronteras
cuando todavía, se podía dar un abrazo a cambio de una sonrisa.
*****
No pensaba gastar todo mi amor en tu cintura.
No pensaba gastar todos mis duros en tu cuello.
Ni perder mi escasa fortuna¿ en la apuesta arriesgada de una balanza ruinosa…
(Aquelarre festivo con fantasmas de crepé y muselina).
No esperaba caminar borracho por el mundo
para poder saltar sobre tu lomo de cierva y revolcarme enlodado hasta la aurora.
Pero qué le iba hacer, si eras mi droga sin receta ¿ mi papeleta de sueño envenenado.
Piel de niña-mujer que lastimaba dentro, dilapidaba tiempo, oro y sueños;
Risa de clochards a la deriva, que gastábamos¿ sobre la ciudad sin interés, sin beneficio¿ con claridad de cobre, con hambre de hueso y sin olvido.
*****
Unas monedas no bastan.
No cortaran el cuello del silencio.
No abatirán la morada del recuerdo.
No limaran las asperezas del fuego.
Ni fundirán el hielo de un pozo seco para dar de beber al peregrino.
Unas monedas no bastan, no sobran, no hacen falta.
Era tu beso
dracma de plata ardiendo sobre la palma de mi mano;
ese canto de ardilla urbana con el que trepabas por mi espalda
y las rosas tristes que robabas de los jardines de cemento.
Ahora que te has ido…
las calles escuchan
el grito duro de la aurora que incendia rascacielos
maratón de exilio; trotar laberinto adentro, para caminar dentro del ruido.
Tambalearse en cruda, dentro de la cartografía y la nomenclatura¿ la oferta cultural para turistas¿ bel transporte colectivo impregnado de sudor y de deseo.
Teatro callejero, de músicos sin público.
(No escucho ya tu risa, tu sollozo…¿ Mujer en el ojal de mi abrigo bajo un viento negro…¿ Volcán de licor muriendo en tu cintura, boca que muerde el invierno de febrero).
Digamos que era una mujer hermosa…
que venía del este¿ en donde han muerto los sueños¿ y le colgaron una cruz a la utopía.
Una mujer
de cabellos de centeno cobrizo, empapados en vino tinto.
(Vampira espigada bajo la luz invernal…luna-punk-desmelenada).
No hablaba español…
Vino a buscarse la vida y no encontró nada.
Solo un sentimiento antiguo, erosionado por la soledad y el alcohol.
Pero eso no importa ya…
Lo que importa ahora, es la frágil salud de este poema:¿ (pájaro herido, ya sin vuelo
canción de fiebre azul; muchacha de chaqueta de hule rojo, tiritando en la calzada).



