ESCAMPAVÍA

LA SEMANA DEL SILENCIO

El “Listo Medellín cabina 8” se escuchaba en los salones de Telecom; entonces no existía la telefonía celular por lo que la empresa estatal operaba en condiciones de monopolio la larga distancia y todas las otras formas de comunicación como los télex y similares; el comercio, las operaciones bancarias, el contacto con los seres queridos, todo ello requería de la empresa estatal.

El poderoso sindicato de Telecom decretó una huelga que sacudió al país; el efecto sobre la economía: las operaciones bancarias, los suministros, el comercio internacional y local todo estaba tocando fondo. Entonces era gerente de Telecom, Francisco Navarro, ministro de Comunicaciones, Mauricio Vargas y presidente de la República, Cesar Gaviria.

Quien esto escribe, era senador integrante de la comisión sexta, la que se ocupa, entre otros temas, el de las comunicaciones, una de las razones por las que presumo el Dr. Navarro me solicitara, autorizado por el presidente Gaviria, conducir las negociaciones con el sindicato; agregó que se me daría el poder suficiente para acordar la manera de restituir el servicio público esencial paralizado.

Acepté el encargo, con las condiciones; 1.- que el sitio de la reunión permaneciera en reserva y 2.- que solo nos reuniríamos los negociadores del sindicato y quien había recibido el encargo. En una pequeña oficina en el hotel Tequendama, nos sentamos a la mesa y a la oferta del señor gerente sobre que necesitábamos le respondí: que no se nos interrumpa, agua, café, cigarrillos, lápiz y papel. 

Nos enteramos que mis colegas de la comisión, particularmente: los senadores Samuel Moreno y el actual director de Colpensiones, Jaime Dussán, se enteraron de la reunión y afanosa e infructuosamente buscaron el sitio donde estábamos trabajando.

Después de 10 horas de duro tira y afloje, le informé al presidente Gaviria que tenía un documento con los puntos que contenían los términos del acuerdo, texto al cual anotó que dos párrafos podían interpretarse de diversa manera y que era necesario definirlos mejor, así regresé a la reunión y sin mayores fatigas logramos una redacción acorde con los requerimientos de las partes.

Conocido el resultado de las enmiendas se me autorizó cerrar el trato y a renglón seguido convocó a su despacho a una reunión a la que también asistieron: el secretario privado y  el ministro del ramo, quien manifestó su desacuerdo con el texto, observación que el presidente Gaviria no atendió.

Recuerdo haber dejado una constancia, en la sesión con los representantes del sindicato, en la que pedí se incorporara en el acta una nota que con esa huelga, en la que se dañaron costosos y sofisticados equipos y se mantuvo en silencio a Colombia entera, se había sellado el certificado de defunción del poderoso ente gubernamental, entre otras razones porque el país no soportaría otra circunstancia tan calamitosa como aquella, a la que lo había sometido la parálisis en las comunicaciones.

En efecto el nuevo ministro, el Dr. William Jaramillo, presentó a la consideración del Congreso un proyecto de ley que permitiría el establecimiento de la telefonía inalámbrica. 

Dado que se me encomendó la ponencia y la tarea de sacar adelante esa ley, viajé a  México donde operaba la poderosa Iusacell, empresa que había operado la telefonía inalámbrica análoga, aquella que requería pesados y voluminosos teléfonos, esa empresa era la pionera que había migrado a la nueva alternativa digital; así conocí como operaba esa innovación, misma que se incorporó a la ley que hoy permitió los teléfonos que dejaron de ser un lujo para convertirse en el sistema y pequeño computador multitareas que facilitó, multiplicó las comunicaciones y ofreció muchos otros servicios para portar en la palma de la mano y el fin del monopolio que no entendió lo poderoso del cambio.

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