Juan Carlos Acevedo Ramos*
Entre unos lejanos 1995 y 1997 Octavio Escobar Giraldo obtiene los premios de
Cuento de Comfamiliar del Atlántico, Juegos Florales y el del Ministerio de Cultura,
con tres libros cuyas historias parecen dirigidas a un público juvenil-adulto (Las
láminas más difíciles del álbum, La taberna del almirante Benbow y De música
ligera), que lo van consagrando como el narrador que leemos hoy, casi 30 años
después.
Usaba, para esos años, bluyines desteñidos, camisetas, gorra beisbolera y tenis
Adidas Country; caminaba sin prisa y se distraía con los transeúntes de la Avenida
Santander en la Manizales de fin de siglo hasta llegar a lugares como Juan
Sebastian Bar o San Carlos. Visitaba por aquel entonces la Casa de Poesía
Fernando Mejía Mejía donde dictaba talleres sobre cine y literatura. Por él, mi
generación escuchó hablar profundamente de Berlín Alexanderplatz de Alfred
Doblin, y aprendimos a través de él y de esta novela y también de la película y la
serie, de la existencia del collage intertextual donde se mezclan pedazos de
canciones, de otras historias, de personajes o hasta titulares de prensa. Octavio –
sin querer queriendo- construía su prolífica carrera y la trama de su vida literaria,
por eso dice con seguridad que: “Escribir para lectores jóvenes y para niñas y
niños siempre estuvo entre mis intereses y ni antes ni ahora obedece a una
decisión o un cálculo. Llega la historia o el tema y viene con unas características
que apuntan a un público específico”.
Encontrarnos ahora para hablar de su nueva novela Manu es traer a la memoria
de sus lectores muchos de sus cuentos donde niños y jóvenes son protagonistas.
Amistad y fantasía
Manu es una novela que llevará al lector por un sueño, por el fascinante mundo de
la amistad y la construcción de unos lazos solo posibles a través de la fantasía y la
aceptación, unos capaces de cambiar la cruda realidad. Serán las voces de los
protagonistas las que nos enseñen que, “la imaginación también es una forma de
conocer, y es la manera que privilegiamos cuando todavía somos niños”, dice el
autor de Manu.
Todo comienza con los túneles, capaces de llevar a “Manu” a otras ciudades a la
velocidad de la luz, bueno no tan rápido. Esta herramienta del viaje es muy
conocida en la obra de Escobar Giraldo, pero en su nueva novela todo tiene
sentido cuando dice que: “los padres de Manu están estructurando una agencia de
viajes. Manu quiere ser parte de ese propósito y viaja, como muchos de mis
personajes de otros libros. Pero lo importante es cómo viaja Manu, el método que
inventa para ir y venir a cada destino en apenas 9 segundos”.
Y es que mientas avanzan las páginas cada lector se enterará que Octavio escribe
desde la cotidianidad, tal vez la que observa y recrea después de sus caminatas
desde la Universidad de Caldas (donde fue profesor), hasta la zona del Cable a
una mesa de Juan Valdez donde se encuentra con amigos, estudiantes, lectores y
recuerdos, o talvez desde sus paseos por las ciudades que visita en el mundo y
que Manu conoce tanto como él.
Creatividad
Octavio, a lo largo de su carrera literaria, nos ha enseñado en sus propias
palabras que: “todas las vidas son significativas, que nuestras epopeyas diarias
también tienen su heroísmo y que las vivimos apegados a la realidad pero también
fantaseando, y Manu tiene una gran capacidad de asombro y una imaginación que
su hermano mayor, en el camino de madurar, está olvidando, no perdiendo. Con
Manu recupera esa vocación creativa, la posibilidad de convertir los hechos más
simples en juego, en alegría, en formas de amor”.
Hoy camina tranquilo, pero sus pasos parecen tristes, estas calles y avenidas de
Manizales, la ciudad que habita, están vacías sobre todo cuando va a sus
encuentros a la librearía LEO, donde su más cercano amigo ya no está. Ese
amigo LEOnel era cómplice para ver el mundo pasar desde estanterías y autores y
dialogar sobre el mundo que pasa a fuera y que retrata tan bien Escobar Giraldo
en Manu, “desde la observación de la cotidianidad una herramienta en tu narrativa
juvenil, lo digo por los juegos, la manera que en que Manu lee, la voz simple que
usa el narrador para contarnos la historia, la capacidad de Manu para crear
mundos”, agrega Octavio.
Conjunto de alegría y enigmas
Este cineclubista de la Manizales de los 80 e inicios de los 90, este defensor del
Festival de Teatro y el hombre que consolidó nuestra feria del libro en su segunda
etapa nos ofrece en su nueva novela ligera, limpia y bellamente ilustrada por
Elizabeth Builes apostando a una sensibilidad propia de los niños, a una historia
profunda que ha marcado la reciente historia del país y a un hálito de esperanza
en mitad de tiempos de penuria.
Pocos personajes, divertidas situaciones, crudas realidades matizadas desde el
amor, protagonistas con la capacidad de inventar mundo y de contar historias;
esta novela atravesará de una manera novedosa a una Colombia que no fue ajena
al talento de Escobar y de seguro marcará una manera sorprendente de abordar el
país que a dos o tres generaciones nos ha tocado vivir.
Como lectores al lado del narrador y de los diálogos entre “Manu” y su hermano
porque al final, Manu es un conjunto de alegrías y de enigmas que espero disfrute
mucho el lector, tanto como yo disfruto escribiendo, dice Octavio.
Es el 2024, Octavio camina todavía por las aceras de la Avenida Santander, come
chocolates, ya no juega baloncesto continúa siendo seguidor de los San Antonio
Spurs y de la selección Brasil, escucha música que no está de moda, es querido
por su amigos y sin pensar aún da clases mientras conversa con sus amigos y
“Manu” a la larga también es una proyección de este hombre, de este autor. Vayan
a leerla, valdrá cada segundo que pasen frente a sus hermosas páginas y su
envolvente historia.
*Escritor. Promotor de escritura y lectura creativa.



