H?ctor Tabares V?squez
Columnista
No es posible echar en saco roto un acontecer de naturaleza sucesiva y reiterada, como lo es el aumento de muertes causadas a cargo de la persona misma de la v?ctima, para no emplear el t?rmino apropiado. Menos a?n dejar de lado los or?genes de un estado tal de la sociedad, asiento y campo propicio de la depresi?n a modo de factor disparador de la autoeliminaci?n. Los trances emocionales de com?n ocurrencia en el ambiente, no solo en lo que respecta al pa?s, sino en este mundo globalizado, vienen ocupando espacios cada d?a de mayor entidad y amplitud.
No es necesario acudir a sectores marginados, ?nica y exclusivamente los atacados vehementemente por una forma de obrar y de vivir. En todos los sitios en los cuales encontremos sujetos en proceso, aparecer? el problema ubicado de manera espec?fica y severa. Un colectivo caracterizado en la concepci?n utilitarista y consumista, ve generando condiciones id?neas hacia la llegada de las crisis en los seres humanos. Ellos van creando los g?rmenes de una posici?n emotiva más allí de la normalidad y de la l?gica.
En una poblaci?n saturada de afuj?as, compleja en su articulaci?n y cohesi?n, privada de numerosos beneficios y expuesta a las inclemencias de la vida externa tecnificada, insolidaria y pasiva, no resulta extraño el comportamiento esquivo y desequilibrado de las gentes. M?ltiples muestras de la cuesti?n en comento, surgen de bulto en las culturas de suyo avanzadas y desarrolladas, a la par de otras poco favorecidas en materia econ?mica, donde es importante destacar el rol desempe?ado en la estirpe a trav?s de los ascendientes y de la conducta de los menores.
Las situaciones delicadas y confusas existentes en una adolescencia, de repercusiones serias y conflictivas en el seno del hogar, marcan una l?nea demasiado sinuosa y conducen a contribuir en grado sumo en el deterioro cerebral de un grupo heterog?neo de individuos. Una familia carente del norte y gu?a de un padre o de una madre, acosada y asediada ante los incordios materiales de todo tipo, hacen perder el rumbo y encaminan desgraciadamente a la b?squeda de un refugio, de una soluci?n, de un asidero, lastimosamente el despe?adero de la drogadicci?n y el vicio, finalizando, en ocasiones varias, apunt?ndose a s? mismo y terminando el presunto o real drama en el cual se ha convertido el trasegar.
Es entonces imperativo un replanteamiento en el estilo de perfeccionar, de forjar y de adiestrar a los miembros de una parentela, en las diversas disciplinas involucrada en la noci?n inherente a esa calidad de componente de la comunidad. Va siendo hora de cambiar la mentalidad, de pensar racional y prudentemente en la potencialidad de un matrimonio acompa?ado de una prole en capacidad de estar bien levantada y una vez puesto el huevo, portarse en sentido correcto procurando una instrucci?n adecuada, pero especialmente, asesorando, realizando un seguimiento constante y sensato frente a la educaci?n y postura de sus asociados.
