En el Día de la Mujer, se destacan historias de artistas que transforman el arte.
El arte tiene muchas formas de manifestarse, y en la vida de Angélica Johana Correa Osorio, cada una de esas formas ha sido explorada con pasión y compromiso. Pintora, ilustradora, muralista, actriz y gestora cultural, su historia es un reflejo del esfuerzo, la resiliencia y el deseo de romper barreras, especialmente en un mundo donde el arte aún es un terreno desigual para las mujeres.
Un camino de exploración artística
Desde pequeña, el arte se convirtió en una constante en su vida. Inspirada por su hermano mayor, quien desde la escuela demostraba talento para el dibujo, Angélica encontró en la creatividad un lenguaje propio. “Yo lo veía dibujar y él me pedía que le ayudara. Yo le daba mi opinión desde mi visión de niña, pero a él le servía”, recuerda. Ese fue el punto de partida de un camino que más tarde la llevaría a explorar diversas disciplinas artísticas.
Su adolescencia estuvo marcada por la participación en el club de cine y literatura ‘Desparchados’ en Santa Rosa. “Nos reuníamos en la biblioteca a leer textos, los viernes veíamos cine independiente y los sábados hacíamos teatro. Fue una etapa maravillosa porque pude explorar la literatura, el cine, el teatro y la pintura”, cuenta. En ese mismo espacio, nació el Festival del Arte del Desparche, un evento que incluía días dedicados a la poesía, la música, el teatro y otras expresiones artísticas.
Además, junto a un amigo músico, integró el colectivo ‘Música del Todo (MT)’, donde aprendió sobre el mundo sonoro y su relación con otras artes. “Éramos casi todas mujeres, y él nos enseñaba música. Fue una experiencia muy enriquecedora”, menciona.
A pesar de su interés por el cine, las circunstancias la llevaron a estudiar Artes Visuales en la Universidad Tecnológica de Pereira, una decisión que la llevó a involucrarse con el Teatro El Paso, grupo en el que permaneció por más de cinco años. “Allí actué en varias obras y también me encargaba de la escenografía, las máscaras, los muñecos y las ilustraciones para los proyectos”, explica.
Uno de los momentos más significativos de su trayectoria teatral fue la obra “Soledad”, en la que tuvo un papel protagónico. “Fue increíble, porque con esta obra fuimos a festivales importantes como el Iberoamericano de Bogotá, el de Manizales y hasta Bolivia”, recuerda. Sin embargo, con la llegada de la maestría, decidió alejarse del teatro para concentrarse en su proceso personal, enfocándose en la ilustración y la pintura.
La ilustración
Desde 2019, Angélica ha centrado su trabajo en la ilustración editorial. “He trabajado ilustrando libros y textos periodísticos, especialmente con Baudó. Aunque no es un trabajo fijo, me llaman recurrentemente para ilustrar crónicas y reportajes”, explica. Uno de los desafíos más grandes ha sido plasmar en imágenes historias difíciles, respetando la sensibilidad de las víctimas y evitando el amarillismo. “Es un reto, porque tienes que representar el dolor, pero sin explotarlo visualmente”, añade.
El muralismo
Este ha sido otra de sus grandes pasiones, aunque con grandes desafíos. “El primer mural que hice fue en Altagracia, con compañeros de la universidad. Luego mi hermano, que también es pintor y muralista, me invitó a colaborar en otros proyectos”, relata.
Uno de sus murales más destacados es el que se encuentra en el túnel de la Ciudad Victoria, dedicado a la apneísta Sofía Gómez. “También hicimos otro mural en la droguería 91-92, que era una recreación de una fotografía antigua de esa misma calle”, cuenta.
Más recientemente, participó en la renovación urbana de Santa Rosa, pintando varios murales en la Calle 14. “Uno de ellos es ‘El gallito sideral’, otro es una casa campesina y otros son más decorativos. También hice un mural en la escuela El Amparo con mi amigo Julián Malagón”, menciona.
Sin embargo, ser muralista mujer ha traído retos adicionales. “El muralismo exige trabajo físico, armar andamios, cargar pintura, usar arneses. Muchas veces, aunque yo sea la encargada del proyecto, la gente asume que el hombre que está a mi lado es quien lidera”, denuncia. “Me ha pasado que llegan personas interesadas en el mural y, aunque sepan que yo soy la artista, le hablan a mi hermano o a algún compañero en lugar de hablarme a mí”.
Desafíos de ser mujer artista
Más allá del muralismo, la discriminación por género ha sido una constante en su carrera. “Me subestiman por ser mujer y por parecer más joven de lo que soy. A veces veo cómo la actitud de la gente cambia cuando me ven en persona después de leer mi currículum”, señala.
Además, el contexto regional no favorece el arte. “Pereira y Risaralda tienen muy pocos espacios para el arte. Hay talento, pero faltan oportunidades y apoyo”, sostiene.
El futuro en el arte
Angélica no se detiene y sigue explorando nuevas formas de expresión. Recientemente, ha retomado el teatro con el colectivo Uróboros en la obra ‘El matrimonio de las palabras’. “El teatro me hace falta, y me emociona volver a estar en escena”, comenta.
En el cine, ha trabajado en el departamento de arte de un largometraje en Aguadas y en un cortometraje de Sebastián Valencia. “Me encargué de la escenografía, la utilería y la pintura de cuadros y telones. Ha sido fascinante pintar para el cine”, expresa con entusiasmo.
Uno de sus mayores sueños es rodar su propio documental. “Quiero contar la historia de mi familia paterna en Santa Rosa, ligándola con mi tesis de maestría, que trata sobre personajes ambulantes y transeúntes a través de animaciones en rotoscopia”.
Un mensaje para las mujeres en el arte
En el Día de la Mujer, Angélica enfatiza la importancia del apoyo entre mujeres. “Nunca he sentido competencia con otras artistas. Al contrario, creo que debemos darnos luz unas a otras”, concluye.
El camino de Angélica Correa es un ejemplo de perseverancia y amor por el arte. Una artista que, a pesar de los obstáculos, sigue pintando, ilustrando, actuando y soñando con nuevas formas de expresión.



