El Notario Carlos Julio Cárdenas ha escrito una bella apología de mi libro
Collages, de reciente aparición. Toda la culpa es mia. La comparto con mucho
gusto
Respetado colega, quiero referirme en lacónico comentario a su último libro, luego
de haber leído sus páginas, su contenido, de un solo tirón. Le confieso: no revisé
mis ligeras notas, por lo que solicito su dispensa.
Encontré en el “Collages” una mezcla prolífica de humor, ironía y, en fin, un
anecdotario que bien vale la pena verter en una amena conversación o tertulia con
amigos y conocidos.
El autor ha incursionado en varios géneros literarios y, en este caso concreto,
encontramos cuento corto y periodismo, en donde el uso del lenguaje coloquial no
impide que el escritor trasluzca la profundidad de los aconteceres que campean en
el planeta entero y que, por supuesto, nos toca, de alguna manera, a todos los
habitantes de la tierra.
La brevedad de lo que en Collages nos narra, obedece, estoy seguro, a la
exigencia de los tiempos cibernéticos por los que atravesamos como un torbellino
apresurado que nos envuelve, sin misericordia. Por eso, por ejemplo, la
barbaridad que nos presenta el mundo con sus siglas.
El prosista, periodista, historiador, se toma -con total desfachatez- todas las
licencias, dejando de lado, y a propósito, el corrector de estilo. Esto lo expreso a
pesar de conocer que, como lo dice el mismo autor, es más fácil criticar que hacer.
El libro
En las páginas que componen el libro está descrito el hombre en todas sus
dimensiones. Basta ver los pecados capitales expuestos en “El bombardero” (la
soberbia); la avaricia (en “El granito de arena”) donde, además, encontramos una
dosis de ironía política (la “Lujuria”), la ira (en “Soldados casi causan una
tragedia”), la gula (en “El sacrificio”), la envidia (en “La Creación”) y la pereza (en
“El delito de omisión”), donde nos topamos con fino humor.
Temas que tocan directamente nuestra psiquis, nuestras culturas, nuestras
sociedades y que nos llevan a reflexionar, sobre asuntos tan espinosos como el
perfil que podemos deducir de “La profesora”, o el conflicto que se presenta en “El
dilema de las dos ventanas”, la posición que se asume en “Una mujer sin opción”,
la astucia para manipular que vemos en “María I”, el anhelo de derrumbar la
estupidez o la superación de la bobada que encontramos en “Campeonato
mundial”.
En “Noticias recurrentes” tropezamos con una cruda realidad que nos invita a
cuestionarnos sobre el desenvolvimiento de nuestra propia existencia en un
mundo caótico, en perenne e imprevisible desarrollo, donde las injusticias están al
orden del día, se improvisa, se declina, se estorba con la tramitología y burocracia
(“Crisis en el país de las siglas”), pero también se perdona y se sueña con
creaciones fantásticas como el cuento “infantil” “Así se hicieron los delfines”. Yo no
diría como dice Nietzsche: “Humano demasiado humano” sino, simplemente
humano.
Ahora, en las “Historias de amor” vemos una cotidianidad ramplona, simple, al
parecer, real, sin eufemismos. No obstante, y en contra de lo que allí se muestra,
creo que debemos ir al rescate de Cupido, de Romeo, de Eros.
Atrevimiento
Para culminar estos apuntes, hechos con premura y, debo reconocerlo, con un
alto grado de atrevimiento, debo decir que, los temas tratados han podido
agruparse de otra manera, aunque también puede resultar caprichosa; así, por
ejemplo, por relación, un bloque con El bombardero, Soldados casi causan una
tragedia, Un día en la historia; otro que contenga Lujuria, La Profesora, Una mujer
sin opción, La niña invisible, autorretrato en el espejo, La viuda es libre; un grupo
con El crimen de la bañista, Lecciones de derecho dice de homicidios, Fuerzas
Unidas Asesinas – Fauces, Reanudan diálogos con genocida, Policías y
narcotraficantes, Aquelarre procesalista; uno más con País de gays, Congreso
homofóbico; etc.
Para discutir… muchas cosas, como lo planteado sobre el anarquismo. La verdad,
no sé hasta donde pueda sostenerse que los anarquistas gustan de lo aleatorio o
que no les gusta el orden (“Películas inteligentes”); o lo manifestado sobre los
“aparatos” o “equipos modernos” de entretenimiento (los diferentes medios de
comunicación: radio, televisión, otros), con los cuales no se corre el riesgo de que
se metan con “nuestros sentimientos” (los técnicos que se ocupan de ello), que
desde siempre lo han hecho y de tal manera manipulado, en forma silenciosa,
sigilosa.
Bueno, qué más decir: que esas ideas y pensamientos en solitario, esos diálogos,
esas chispas de recuerdo, salieron con cierta premura del horno, seguramente por
los afanes del mundo moderno y por trenzarse a puño limpio con el corrector de
estilo.
Reciba, doctor Jaime Horta Díaz, mis sentimientos de gratitud y un fraternal
abrazo.



