José “Pepe” Mujica, expresidente de Uruguay, falleció este domingo a los 89 años después de una larga lucha contra un tumor en el esófago. Con su partida, América Latina pierde a una de sus voces más resonantes en la defensa de la paz, la reconciliación y la justicia social. Su figura, respetada incluso por aquellos que no compartían su visión política, se distinguió por la coherencia entre su vida y sus ideales.
Un defensor incansable de la paz en Colombia
A lo largo de su vida, Mujica fue un firme defensor de las negociaciones de paz, especialmente en Colombia. Su experiencia como militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros en Uruguay, y su encarcelamiento durante 13 años, le permitió entender a fondo los dilemas éticos y políticos que enfrentan los actores involucrados en un conflicto armado.
Uno de los momentos más significativos de su legado en Colombia ocurrió en 2016, cuando fue invitado a la firma del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP en Cartagena. En ese escenario histórico, Mujica pronunció unas palabras que calaron hondo en los presentes: “El perdón no es olvidar, es superar”. Reiteró que la memoria de las víctimas debía ser parte fundamental del proceso, pero que esta no debía convertirse en un obstáculo para avanzar hacia la construcción de una nueva Colombia.
El proceso de paz como un camino largo y doloroso
A pesar de su retiro de la presidencia en 2015, Mujica continuó siendo una voz activa en los debates internacionales sobre el proceso de paz en Colombia. En diversas entrevistas y foros internacionales, insistió en que la paz no era un momento aislado, sino un proceso largo, desafiante y, a menudo, doloroso. En 2017, recordó que la implementación de los acuerdos era tan compleja como la negociación misma y urgió a la comunidad internacional a apoyar de manera constante el cumplimiento de los pactos, alertando que sin este respaldo, los avances podrían verse amenazados por los vaivenes políticos internos.
Durante el mandato del presidente Gustavo Petro, Mujica volvió a jugar un rol protagónico, participando como parte del grupo de acompañamiento internacional en los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). En una de sus intervenciones, afirmó que “la paz no es rendición, es convivencia”, enfatizando que la negociación debía ser vista como una oportunidad para transformar la estructura social y política de Colombia.
Un llamado a la generosidad y a la justicia social
Mujica también instó a los colombianos a asumir la construcción de la paz como un compromiso colectivo. En 2023, en un mensaje dirigido a la ciudadanía, destacó que “aprovechar la paz es más difícil que hacer la guerra, porque exige generosidad”. En múltiples intervenciones, subrayó que la paz no sería duradera si no se abordaban las causas profundas del conflicto, como la pobreza, la desigualdad y la exclusión de las comunidades rurales y étnicas.
Durante su participación en foros multilaterales, como la Cumbre de la Celac, Mujica alertó sobre la importancia de no dejar sola a Colombia en su proceso de reconciliación, señalando que “si dejamos sola a Colombia, estamos dejando sola a América Latina frente a sus fantasmas del pasado”.
Un último mensaje de esperanza
En los meses previos a su fallecimiento, y a pesar de sus complicaciones de salud, Mujica nunca dejó de transmitir mensajes de reflexión. En marzo de 2024, en una conversación con Danilo Rueda, exalto comisionado para la paz de Colombia, expresó: “Yo también creí que la violencia era el camino. Hoy sé que lo más difícil es convencer con razones y construir con paciencia”.
Su último mensaje a Colombia fue un video difundido en marzo de 2025, en el cual se despidió de su público, pero con un mensaje lleno de esperanza: “Nos entiendan o no nos entiendan. Le doy un abrazo y a través de ti (Gustavo Petro) a todo el pueblo colombiano. Sigamos luchando por una humanidad mejor”.
El legado de Pepe Mujica queda como un faro para Colombia y para toda América Latina: un recordatorio de que la paz no es solo una firma en un papel, sino un camino que se recorre con voluntad y acción diaria. Su voz, aunque silenciada, sigue siendo una guía en los momentos de incertidumbre y en la continua lucha por la justicia y la convivencia.



