Desde Shanghái, el presidente colombiano Gustavo Petro anunció una decisión que marca un nuevo capítulo en la política exterior del país: la solicitud formal de ingreso al Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), entidad financiera del bloque Brics. El anuncio se da en medio de tensiones con Estados Unidos, que recientemente advirtió que podría bloquear recursos destinados a Colombia a través de la banca multilateral si en los proyectos participaban empresas chinas.
Frente a estas advertencias, Petro fue claro en su posición. “Me parece correcto que la banca financiada por Estados Unidos no financie proyectos de lo que considera su competencia. Mi gobierno respetará ese principio”, escribió el mandatario en su cuenta de X (antes Twitter). La declaración no solo reconoció la postura estadounidense, sino que también dejó ver una aceptación pragmática de las reglas del juego geopolítico actual.
Durante su visita oficial a China, Petro sostuvo una reunión con la presidenta del NDB, Dilma Rousseff, en la que se formalizó la intención de Colombia de integrarse al banco fundado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. La adhesión permitiría al país acceder a financiamiento en condiciones favorables para sectores clave como infraestructura, salud y energías renovables.
Según informó el Ministerio de Hacienda, Colombia está dispuesta a adquirir 5.125 acciones del capital autorizado del banco, de las cuales 4.100 serían acciones exigibles, y 1.025 corresponderían a aportes en efectivo. Un movimiento que evidencia el compromiso del gobierno colombiano con esta nueva fuente de financiamiento.
La respuesta de Petro no fue únicamente defensiva, sino también propositiva. Exhortó al gobierno de EE. UU. a garantizar que sus empresas participen en igualdad de condiciones en los procesos licitatorios que abrirá su administración: “El gobierno de los EE. UU. debe esmerarse en que las empresas estadounidenses liciten en los proyectos que el gobierno nacional va a abrir. Mi deber es garantizar transparencia”.
La postura del presidente colombiano parece buscar un equilibrio entre dos grandes potencias, evitando caer en la dicotomía de la Guerra Fría. Mientras fortalece lazos con China mediante la adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, Petro también deja la puerta abierta para la inversión estadounidense, siempre que se respeten los principios de competencia leal.
Sin embargo, esta estrategia no ha pasado desapercibida en Washington. Las preocupaciones sobre la expansión china en América Latina están sobre la mesa, y Colombia, tradicional aliado de Estados Unidos en la región, parece dispuesto a redefinir su papel geopolítico.
El giro hacia el NDB refleja una búsqueda de mayor autonomía financiera y de diversificación de aliados. Para Colombia, esto puede significar acceso a recursos frescos para impulsar su desarrollo sostenible. Para Estados Unidos, un nuevo reto diplomático en su “patio trasero”.



