Luis García Quiroga
Es probable que su nombre no les diga mucho a las nuevas generaciones, pero quienes ya tenemos bastante kilometraje en el calendario, sabemos que el ingeniero industrial y experto en finanzas, César Augusto Castillo Ramírez, fue un estupendo alcalde de Pereira.
Sus quebrantos de salud lo alejan del escenario público y gremial donde su desempeño se distingue por su juicio equilibrado que le ha merecido respeto, admiración y el afecto de quienes le conocemos de vieja data.
Mi memoria fotográfica recuerda su determinación para tomar decisiones cruciales para el desarrollo de la ciudad.
Gracias a las gestiones de Ana Milena Muñoz, siendo ministro de Hacienda César Gaviria y ministro de Agricultura Gabriel Rosas Vega, ella hizo posible que Pereira tuviera la central de abastos de Mercasa. El problema que seguía era convencer a los comerciantes mayoristas que toda la vida estuvieron en la vieja plaza de mercados, para su traslado a Mercasa.
Con el apoyo del ejército, César ordenó el cierre de vías para evitar el ingreso de camiones entre las calles 15 a 17. En respuesta, le pusieron una bomba a uno de los almacenes El Caimán de la familia Castillo. César no se amilanó y el traslado se hizo efectivo.
Pereira no tendría hoy la Avenida de las Américas si el entonces alcalde César Castillo y después Ernesto Zuluaga y Juan Manuel Arango no se hubieran puesto manos a la obra para avanzar. Pero iniciar bien, que es la parte más difícil de cualquier obra vial, la hizo César.
Fue el segundo de los once alcaldes hasta ahora por elección popular y entonces era de solo dos años, pero su eficiencia le alcanzó porque con la gerencia de Amparo Jaramillo de Drews, dotaron a Pereira del gran Parque Metropolitano del Café.
Como anécdota, ahora con el nefasto atentado a Miguel Uribe, recuerdo que en 1991 siendo candidato a la alcaldía, en el fragor electoral, un día vi que tenía un chaleco antibalas y varios escoltas. Le pregunté y me dijo: “el atentado personal es parte del presupuesto electoral”.
En la campaña para alcaldía en 1992, vi su talente y buen humor cuando en una reunión de gabinete llegó, se quedó mirándolos a todos y dijo: “me parece bien que medio gabinete esté con Ernesto y el otro medio con los demás candidatos”.
Desde esta columna, enviamos a César un cálido saludo con nuestros fervientes deseos por la recuperación de su salud. Queremos verlo de nuevo en las trincheras gremiales, políticas y cívicas de la ciudad.
César es uno de esos guerreros de la vida que, como Prometeo, no se cansa de llevar sobre sus hombros, una y otra vez, la pesada carga de las responsabilidades que como pereirano, asume con la misma fortaleza, el trance que ahora enfrenta.


Luis
Su elección con alcalde popular, el primero en Pereira, generó una hola especial de movimiento político en la ciudad, como también de transformación en el crecimiento de Pereira. Que sus dolencias sean superadas, su presencia y trabajo silencioso es importante para la región.