Pilar Salcedo J.
Colombia ha padecido a lo largo de su historia, con una dolorosa secuencia de magnicidios que han dejado profundas huellas en la democracia y en el comportamiento electoral de los ciudadanos.
Así lo manifestó en entrevista con El Diario del Otún, el analista político Luis Alfonso Albarracín, al hacer un repaso de los episodios de violencia política que han marcado al país desde el siglo XIX hasta la actualidad.
Albarracín señaló que los intentos y asesinatos de figuras políticas no son un fenómeno reciente. Desde los atentados contra Simón Bolívar, el asesinato del Mariscal Sucre, los hechos violentos de la Guerra de los Mil Días y la muerte de Rafael Uribe Uribe, Colombia ha enfrentado golpes sistemáticos contra sus líderes.
A ello se suma el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, que desató una de las mayores crisis de violencia política del siglo XX.
El país volvió a experimentar el peso del terrorismo político en las décadas de 1980 y 1990, con los asesinatos de Luis Carlos Galán, el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado y líderes de la izquierda como Carlos Pizarro León-Gómez, Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo Leal.
“Estos crímenes, vinculados en muchos casos al narcotráfico y a la acción de grupos armados ilegales, no solo truncaron proyectos políticos, sino que también sembraron miedo e intimidación en la sociedad, afectando la participación ciudadana y debilitando el sistema democrático”, señala el analista.
Uno de los ejemplos más recordados de cómo reacciona el electorado tras un magnicidio es el de Luis Carlos Galán. Tras su asesinato en 1989, la figura del pereirano César Gaviria —entonces un político poco conocido— emergió como heredero de su movimiento. En medio de la conmoción nacional, la ciudadanía volcó su apoyo hacia él, lo que finalmente le permitió ganar la presidencia.
“Hoy, con el asesinato del dirigente Miguel Turbay Trujillo, estamos viviendo los efectos políticos y el próximo año, en las elecciones se verán reflejadas en las urnas los efectos de un hecho de esta magnitud que nos se veía hace 35 años”, afirmó Albarracín.
Agregó que “la conmoción que genera un magnicidio suele provocar realineamientos en las fuerzas políticas, despertar la solidaridad ciudadana y movilizar el voto en torno a candidatos que logren capitalizar el descontento social”.
El dato
“El país sigue atrapado en un clima de odios, amenazas y discursos que dividen”, considera el politólogo Luis Alfonso Albarracín, en diálogo con El Diario del Otún.
Recuadro 1
Pronunciamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
“El asesinato de Miguel Uribe Turbay refleja la persistencia de la violencia política en Colombia, que continúa afectando a personas con liderazgo político, social y comunitario, así como a partidos y a la sociedad en general. De cara al proceso electoral de 2026, la CIDH llama al Estado a reforzar la protección de liderazgos y garantizar entornos pacíficos, inclusivos y libres de violencia para la participación democrática. Además, insta a reducir la confrontación y polarización política, y a privilegiar el diálogo, los consensos y soluciones efectivas a los retos del país, fortaleciendo el Estado Social de Derecho y el sistema democrático establecidos en la Constitución de 1991 y el Acuerdo de Paz de 2016”.
Leyenda
La muerte de un líder político no solo golpea a una colectividad específica, sino que también reabre heridas históricas y fortalece la indignación contra el gobierno de turno, con efectos directos en las urnas. “Así lo demuestra la historia”, concluye el analista Luis Alfonso Albarracín.
La foto política
El Concejo de Apía instaló su tercer periodo de sesiones ordinarias, en el cual abordó temas como seguridad, derechos humanos y convivencia ciudadana con la Comisaría e Inspectora de Policía del municipio.



