Yessi Santos (yes), el poeta, el artista, el escritor, el hombre que ama, dice muchas cosas en sus poemas.
Germán Ossa
Al leer uno como devorador de libros escritos en poesía o en prosa, no importa, en los que el desamor se asoma a cada rato en sus páginas y donde si uno lo desea, sueña con que aparezca el amor que uno u otro autor ha buscado en el tiempo, y este aparece, hay un descanso que anima a sentir un afecto aterrador por el autor, artista, pensador o literato convocado. Cuando el artista-escritor llega de pronto a la última página y el romance se ha ido para siempre, hay una desazón tenaz y la solidaridad ya entra a ser parte de una complicidad extraña, esa que pareciera, solo se da en la vida real con los amigos que han sido con uno, unos confidentes valiosos.
Más de una vez leí esas más de cien páginas de este libro que usa muy repetidas veces la palabra amor, pero que también usa y más veces, otras palabras que evocan lo contrario: la nostalgia, la tristeza, el dolor, la ausencia, la sangre, el silencio y muchas más que son el puro sinónimo de la angustia que ocasiona una separación que, aunque razonable, el lector no quisiera compartir con el autor por que la solidaridad ya ha hecho estragos para cualquier desenlace.
Yessi Santos (yes), el poeta, el artista, el escritor, el hombre que ama, dice en una página de manera fresca en un poema:
Volver a ti…
no como ayer, sino más sabio, más callado, con las manos limpias de orgullo
y el corazón desarmado.
Justificando una situación, dolorosa o no, pero apostándole a la nobleza de esa alma que ha valorado con creces su derrota (a eso juega el amor), y en otro poema se delata de esta manera, con una esperanza que cree puede darle el devenir:
Si la distancia curara la herida,
huiría de ti con paso veloz,
Pero cada camino, cada partida,
me conduce a tu nombre… feroz.
No es al nombre de esa amada lo único que lo perturba, pero hay que mentirle al corazón para no hacer más difícil un fracaso amoroso, y más adelante, ya no exigiéndole justicia al corazón con los versos como lo hacen los poetas, sino con una prosa ceñida a la conciencia, cuando en un párrafo se delata expresando:
“Tu recuerdo es un tatuaje imborrable, una marca que se hunde en mis entrañas y se extiende hacia lo profundo de mi ser. No es solo la tinta que mancha mi cuerpo, sino la herida que el alma no logra cicatrizar, el eco de un amor que fue promesa y tormenta, dulzura y dolor entrelazados en un mismo suspiro.”
Y es por una razón muy válida que aprovecha entonces mezclar en este libro bastante sentido, algunos poemas, cartas y prosas untadas de amor a sus hijos, porque con ellos distrae la atención del lector, que somos nosotros, para demostrarnos que hay amores de amores, y que hay a dónde refugiarse cuando la tristeza, la soledad y la nostalgia con sus poderes insólitos, nos quieren ganar una terrible partida.
La idea es, en suma, inventarnos mundos mágicos que puedan ser los que le ganen al desamor. Y a eso le apunta el autor de este encantador libro.
Crítico de Arte y de Cine.
POEMAS DE YESSI SANTOS (yes)
SOMBRAS DEL ADIÓS
Toda historia de amor conoce su crepúsculo.
Aquí, la pena se vuelve poema,
La traición se nombra sin odio, y la despedida se abraza
Como quien besa por última vez.
Las sombras del adiós se extienden sobre estas páginas,
No para extinguir la llama,
Sino para recordarnos cuánto brilló.
TE EXTRAÑO
Desde que partiste, sombra sin destino,
vago en la mentira de un día sin sol.
Sonrío al abismo con gesto divino,
mas mi alma sangra… sin tu calor.
Simulo estar firme, sereno, sin llanto,
pero en las noches mi pecho no miente.
Tu ausencia resuena en un gris desencanto,
y el alma se rompe, callada y doliente.
¿Qué quieres de mí, si sólo te amo?
¿Por qué me condenas a eterno sufrir?
Fuiste mi todo, mi sueño y mi ramo,
y ahora tu amor… no sé definir.
Aún rondas mis días, fantasma sin nombre,
caminas en sombras sin rumbo ni ley.
Tus dudas me hieren, tu frío me asombre,
y en mi pecho arde el amor que juré.
No sabes, no dices, no muestras sendero,
y yo me deshago por verte volver.
Mas todo tu gesto, tan frágil, tan fiero,
es lanza que hiere y me hace caer.
¿Qué quieres de mí, si sólo te amo?
¿Por qué me condenas a eterno sufrir?
Fuiste mi todo, mi llama, mi faro,
y ahora tu amor… no sé definir.
Y dices que un día deseas mirarme,
mas vuelves al juego, al dardo, al error.
Tus caprichos giran, no quieres amarme,
me arrastras sin tregua a la cruel confusión.
No sabes si vienes, no sabes si huyes,
me enciendes la fiebre, me das el dolor.
Y yo, como un loco que a su ruina acude,
te sigo implorando un poco de amor.
¿Qué quieres de mí, si todo te he dado?
¿Por qué me desgarras sin compasión?
Te amo de siempre, te espero callado…
pero ya no entiendo tu extraño amor.
Ahora dime, si aún hay clemencia,
¿Qué quieres de mí…?
Y lo entenderé.
TRAICIÓN
De gris se vistió el hermoso paisaje,
cuando noté que no venías en mi viaje.
Tu nombre, ausente en mi corta partida,
y el alma, desnuda… herida, perdida.
El sol, que antaño encendía mis días,
se apagó en la niebla de tus falsías.
Ya no canta el viento con dulce rumor,
porque en mi pecho murió el amor.
El pincel del amor yace sin inspiración,
la musa de la pasión, sin cuerpo ni razón.
No hay lienzo que abrace mi dolor,
ni color que redima esta traición.
La poesía, que brotaba en mis venas,
era un río de luces, de sueños y escenas.
Hoy es un cauce seco de amarga canción,
donde todo sucumbe bajo la traición.
Sediento el verso, temblorosa la rima,
mi voz se quebró, ya no encuentra cima.
Y en el abismo de esta desolación,
solo habita el eco de tu negación.
El pincel del amor yace sin inspiración,
la musa de la pasión, sin cuerpo ni razón.
No hay lienzo que abrace mi dolor,
ni color que redima esta traición.
Lágrimas inundan mi ser sin clemencia,
la nostalgia es reina de mi existencia.
Mi corazón, deshecho por ti,
sangra en silencio por lo que perdí.
El amor huyó con tus mentiras,
dejando ruinas, sombras, heridas.
Jugaste con fuego y cruel ambición,
y quemaste mi fe… con tu traición.
Algún día sabrás… tarde, tal vez,
que tu victoria fue perder mi honradez.
Un amor tan puro, sin doblez ni medida,
lo cambiaste por nada… sin ninguna salida.
El pincel del amor yace sin inspiración,
la musa de la pasión, sin cuerpo ni razón.
Fuiste mi todo… mi ruina, mi prisión,
y yo fui tu lienzo… manchado de traición.
Hoy tomo otro rumbo, con lenta esperanza,
donde el alma se cure, y el dolor no alcance.
Perdonaré… porque amar es mi don,
pero olvidar… es la cruz de mi traición.
Y si algún día me buscas, en la desolación,
verás que el amor verdadero no vuelve sin razón.
Las huellas que dejaste serán tu prisión…
porque mi amor fue eterno,
y el tuyo… fue traición.



