Fabian Henao Ocampo
Algo grave está ocurriendo, algo que pone en riesgo el futuro y hasta el destino de la humanidad: la disminución de los nacimientos y el aumento de las mascotas. La situación ha llegado a tal punto que existen ciudades en Colombia en las que, según los reportes, hace meses no nace un niño y esto se puede considerar como algo muy grave.
Las causas de este fenómeno pueden ser múltiples, tener un bebé implica responsabilidades y gastos que muchas personas no quieren o no pueden asumir. Además, tener un hijo conlleva perder, en parte, la libertad y renunciar o postergar algunos proyectos. Por lo tanto ahora se utilizan muchos más métodos de planificación familiar que antes. Según las estadísticas la crianza de un hijo puede llegar a costar seiscientos millones de pesos, desde el nacimiento hasta la edad adulta, pudiendo ser el doble según reportes de la Universidad EAN de Colombia.
Otro de los fenómenos que ha permitido la escasez de nacimientos es la tendencia de las familias a estar acompañadas de mascotas. Los perros y los gatos en muchos casos han desplazado a los niños porque brindan compañía, afecto y son más fáciles de sostener y de controlar. Por eso ahora hay escuelas, gimnasios, peluquerías, cementerios y heladerías para las mascotas.
En Colombia, la reducción de partos es evidente en regiones como Amazonas, con una reducción del 48%; Bogotá , 45%; y Santander con 43% menos en el último año. Así las cosas en dos municipios del Amazonas solo nació un niño en el 2024. Mientras tanto en el 69% de los hogares hay un perro o un gato colombiano con nombre de niño o de niña.
Pero tener un hijo es una riqueza y una bendición, los hijos traen alegría y le dan propósito a la vida; el lazo entre padres e hijos es único y puede enriquecer la vida de maneras que ninguna otra especie puede ofrecer. Sin embargo la decisión de traer hijos al mundo es personal e implica una gran responsabilidad, la responsabilidad del que entiende que un hijo no es una mascota, ni una mascota puede ser un hijo.
