Bajo la sombra fresca de los bosques andinos de Risaralda, una cámara de foto‑trampeo registró a un zorro cangrejero explorando sus nuevos dominios. Era un momento largamente esperado por los biólogos de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Cárder), quienes habían invertido semanas en rehabilitar al joven canino rescatado en estado huérfano y dependiente. Su liberación, efectuada el 25 de septiembre de 2025, no solo devolvió un individuo al bosque; también se convirtió en símbolo de esperanza para una especie que juega un papel clave en la salud de los ecosistemas.
Retorno planificado
El ejemplar de Cerdocyon thous llegó al Hogar de Paso aún dependiente de los cuidados parentales. La bióloga Angélica Hernández, del equipo de fauna de la Cárder, explica que su primera tarea consistió en estabilizarlo clínicamente y estimular su comportamiento natural. “Estaba muy apegado a la alimentación con leche, así que empezamos a ofrecerle presas vivas y frutas para que reconociera su propio alimento”, cuenta. Con el tiempo, el zorro mostró la destreza necesaria para cazar sin asistencia.
La elección de un “lugar de liberación” no fue aleatoria. La Cárder seleccionó un sector del bosque donde la especie se distribuye naturalmente y donde abundan cursos de agua y zonas de matorral. Esta variedad de microhábitats es vital para un canino adaptable capaz de vivir desde el nivel del mar hasta los 3000 metros de altitud. Además, la zona quedaba alejada de asentamientos humanos, reduciendo el riesgo de atropellamientos y de contacto con perros domésticos portadores de enfermedades.
¿Por qué liberación blanda?
Los expertos optaron por la llamada liberación blanda, un método que combina un recinto de preliberación con apoyo alimenticio y monitoreo prolongado. Durante los primeros días en libertad, los biólogos colocaron alimento en un punto fijo para evaluar si el animal regresaba por necesidad o por costumbre. “Al principio volvió un par de veces, pero pronto dejó de acercarse; eso nos indicó que estaba cazando por su cuenta”, detalla Hernández. El uso de cámaras trampa también permitió confirmar que su actividad era nocturna, coherente con la conducta típica de la especie. Cuando el zorro dejó de usar el punto de alimentación, la Cárder retiró definitivamente la ayuda.
Esta estrategia difiere de la liberación dura, en la que los animales se sueltan sin apoyo y corren mayores riesgos de desorientación o de buscar alimento en asentamientos humanos. La liberación blanda, aunque más costosa, aumenta la supervivencia y disminuye el estrés post‑liberación, como señalan los manuales de la International Fund for Animal Welfare.
Un omnívoro clave para los bosques
Conocido en Colombia como lobito o zorro común, el zorro cangrejero tiene un cuerpo de unos 70 centímetros de largo, cola de 35 centímetros y peso entre 5 y 9 kilos. Su pelaje gris oscuro y las patas negras lo hacen fácilmente reconocible. A diferencia de otros cánidos, no forma manadas; vive solo o en pareja y, como máximo, se le ve con su pareja y crías hasta que estas se independizan.
Su dieta es sorprendentemente diversa. Estudios indican que consume pequeños mamíferos, aves, anfibios, crustáceos, frutas y carroña. Este carácter omnívoro lo convierte en un aliado para el control de plagas al regular poblaciones de roedores, insectos e incluso anfibios invasores como la rana toro. Pero su rol más importante quizá sea como dispersor de semillas. Un metaanálisis de 37 investigaciones encontró que los frutos aparecen en el 62 % de las dietas analizadas, con 128 especies de plantas registradas. Las semillas atraviesan intactas su aparato digestivo y germinan con normalidad, lo que lo convierte en un dispersor legítimo que transporta semillas a largas distancias.
La flexibilidad dietaria se complementa con una notable capacidad de adaptación a ambientes modificados. Estudios con cámaras trampa en el nordeste de Brasil evidenciaron que C. thous utiliza con mayor frecuencia paisajes fragmentados y áreas cercanas a asentamientos humanos o ganado. No obstante, evita zonas con incendios, tala y grandes infraestructuras. Esto explica su presencia en zonas periurbanas de Colombia, donde es común encontrarlo alimentándose de restos de cultivos o basura.
Adaptable pero vulnerable
La misma capacidad que le permite sobrevivir cerca de la gente lo expone a peligros. En departamentos como Quindío, el zorro cangrejero es uno de los animales silvestres más atropellados. Muchos campesinos lo consideran una amenaza para las gallinas y otros animales de corral, lo que provoca represalias y cacería indiscriminada. Además, el contacto con perros domésticos ha facilitado la transmisión de enfermedades como la sarna y el moquillo.
Más allá de Risaralda
La experiencia exitosa en Risaralda podría replicarse en otros departamentos colombianos donde la especie se encuentra amenazada. Entidades ambientales de Antioquia y Valle del Cauca han comenzado a interesarse en programas de rehabilitación similares. Incluso se explora la posibilidad de crear corredores biológicos que conecten bosques fragmentados, facilitando el movimiento de las especies y reduciendo los encuentros con carreteras.
Para los expertos, el reto no es solo salvar a individuos aislados, sino asegurar que las poblaciones mantengan su diversidad genética y su función ecológica. Esto implica proteger los hábitats, controlar la cacería y regular la expansión urbana. El retorno de este zorro cangrejero ilustra lo que se puede lograr con ciencia, compromiso y participación comunitaria.



