El recuerdo del pasado y la agonía del presente; entre el sol y la lluvia

Entrevista a Marcela Guiral a propósito de la novela juvenil Se resfriaron los sapos. “Yo creo que toda persona vive momentos de transformación, de quiebre, y me gusta que mis personajes también los tengan, porque eso es profundamente humano y forma parte de la vida cotidiana”.

Jahir Camilo Cediel Rincón/ Ilustraciones Andrés Rodríguez

¿Por qué decidirse por la literatura juvenil?, ¿qué elementos hacen que Se resfriaron los sapos funcione como novela juvenil?

Tendría que remontarme a mi experiencia como docente y promotora de lectura. Siempre he trabajado con públicos infantiles y juveniles, y he estado muy atenta a las historias que atraviesan su mundo: el abandono, el hambre, la soledad o el reclutamiento forzado. Todo esto me ha alertado y preocupado constantemente.

Creo que Se resfriaron los sapos funciona como novela infantil, juvenil y también adulta. Muchos lectores se identifican con el miedo a la pérdida de un ser querido, un temor que aparece desde la niñez, y con los conflictos familiares, como las peleas entre Abril y Otoniel, que resultan muy cercanas a cualquier experiencia. La obra no solo se sostiene porque sus protagonistas son niños y jóvenes, sino porque plantea preguntas profundas sobre la vida. Para mí, la literatura es lo más filosófico que existe, ya que permite interrogarse en situaciones extremas. Por eso la novela también interpela a los adultos, y al final las etiquetas de “literatura infantil” o “juvenil” son más de mercado, pues ha sido leída con interés por todas las edades.

¿De qué modo Yolombó, Antioquia, influencia la narrativa de la novela?

Nací específicamente en La Floresta, un corregimiento de Yolombó, un caserío pequeño en el que viví hasta los 17 años. Desde niña fui testigo de las dinámicas de las familias dedicadas a la minería, una práctica ancestral de extracción de distintos minerales, especialmente de oro y plata, que todavía se conserva. Por esta razón, presencié varias veces las tragedias de socavones derrumbados, donde los mineros quedaban atrapados bajo toneladas de tierra, y las personas del pueblo ayudaban a las búsquedas, a la remoción de la tierra, al consuelo a los familiares. Es decir, la novela nace de experiencias vividas, de ser testigo, de haber habitado los primeros años de mi vida un territorio como este. Pero no solo haberlo habitado, también fue necesaria la exploración e investigación. Así que para la ambientación de la novela me puse casco y botas y me dispuse a conocer una mina por dentro, (lo que nunca me atreví mientras viví allí), lo que yo no sabía, Otoniel lo contaba y explicaba. Debo decir que Osvaldo y Otoniel son personajes de la vida real, amigos de mi infancia. Osvaldo ya no está, pero Otoniel sigue dirigiendo una mina importante en La Floresta. Sí, esa es la razón. Soy hija de estas tierras mineras y por eso Yolombó tenía que ser el lugar donde ocurría esta historia

Llama mucho la atención el modo en que está escrita la novela: luego de un capítulo narrando un recuerdo que construye al personaje de Osvaldo, algo muy bonito y luminoso, viene otro de Otoniel y su madre buscando por todos los lugares posibles a su padre, algo muy lúgubre y triste. ¿De dónde surge esta idea?, ¿cómo se influencian entre sí los tipos de capítulo?

En mi escritura recurro a saltos temporales y a la mezcla de capítulos porque generan tensión y mantienen la atención del lector. En una novela con misterio como esta, donde hay tantas preguntas abiertas, una narración lineal resultaba menos adecuada. Esa estructura me permitió no solo mantener vivo el interés, sino también profundizar en los personajes. Aunque la historia inicia con el padre atrapado en la mina, volver al pasado me dio la posibilidad de mostrarlo en familia y en sus vínculos con los hijos, la esposa y el Tuerto, lo que lo hace más cercano y humano.

Durante la novela hay dos tensiones permanentes, los globos y los sapos. Empecemos con los primeros ¿estos que podrían representar para la narrativa y los personajes?

Los globos son un recurso muy particular porque, en esta novela, la escritura parte desde el final. La idea surge justamente de ahí: de un rito, un rito de despedida que, creo, como colombianos y especialmente desde la niñez, aún nos falta explorar mucho más. Por eso los globos representan una tensión que recorre toda la novela, y que yo voy utilizando de manera constante. Mientras todos buscan al papá y ayudan a remover la tierra, Abril permanece ensimismada, inflando globos una y otra vez. Ella no está atenta a que en la casa se están perdiendo cosas, y esa actitud genera la molestia de Otoniel. Sin embargo, los globos terminan siendo parte de un rito que Abril, como niña, construye para tramitar lo que está sucediendo con su padre.

– La segunda, y la que me pareció fascinante por lo enigmática. ¿Los sapos dicen algo de los personajes en cuestión y de sus relaciones?, ¿puede ser que mediante los sapos se desarrolle narrativamente a algún personaje? 

Yo crecí en una casa en Yolombó, donde era común encontrar sapos en el baño o en el solar. De niña pensaba que entraban para resguardarse de la lluvia. Esa imagen la retomé en la novela. Los sapos generan una tensión importante entre los personajes: Osvaldo, con un pensamiento más concreto, se enfrenta a Abril, que aún vive en la fantasía de creer que los sapos se resfrían. Así, se convierten en un recurso narrativo para mostrar las dificultades familiares, con un hermano que no acepta la infancia de su hermana y un padre que respalda ese mundo mágico. También es un elemento autobiográfico: me identifico mucho con Abril y escribí la novela poco después de la muerte de mi padre y de una amiga. Por eso, los sapos terminan siendo el medio para hablar de esas tensiones familiares que, creo, son comunes en muchas partes del mundo.

Es evidente que Otoniel vive un cambio de actitud en la novela. De ser un chico curioso, y hasta cierto punto despreocupado, a un joven responsable de su familia ¿en dónde se podría encontrar este punto de quiebre?, ¿qué franquea la distancia entre una cosa y otra?

Yo creo que toda persona vive momentos de transformación, de quiebre, y me gusta que mis personajes también los tengan, porque eso es profundamente humano y forma parte de la vida cotidiana. En ese sentido, aunque muchos piensan que la protagonista de la novela es Abril, para mí lo son ambos, pero especialmente Otoniel, porque él debe asumir roles muy importantes: el cuidado de su mamá, la protección de su hermanita y la reflexión frente a la fantasía que ella sostiene, esa misma a la que su padre solía consentir. Me parecía fundamental mostrar a un chico que se quiebra, que se transforma, que crece. En otras novelas suele ocurrir lo contrario: alguien que era bondadoso o inocente se corrompe, se autodestruye o destruye a los demás. Eso también hace parte de la condición humana. En este caso, lo que me interesaba era mostrar la transformación de un niño que se la pasaba jugando, que parecía irresponsable, y que termina haciéndose cargo de una tragedia.

Ahora bien ¿qué nos depara en el futuro?, ¿qué tiene en mente como proyecto literario? 

En mente tengo muchos proyectos. En este momento estoy terminando una novela que se llama Los silenciarios, surgida gracias a una beca de creación de la Alcaldía de Medellín. Es una obra de ciencia ficción en la que se comercia con sonidos, y que aborda de manera central la destrucción de la naturaleza y de los ecosistemas, fundamentales para que todos permanezcamos en este plano. Es, sin duda, una novela muy exigente. También tengo en el tintero una historia sobre amigos imaginarios, porque siempre los tuve y, de alguna manera, aún los conservo. Creo que merece hacerse un homenaje a esas presencias. En definitiva, siempre tengo en la cabeza muchas historias para niños, jóvenes y adultos; lo que falta es ver cuándo será el momento en que cada una salga a la luz.

Marcela Guiral

Es bibliotecóloga de la Universidad de Antioquia, magíster en Educación Superior en Salud de la misma universidad y máster en Promoción de Lectura y Literatura Infantil de la Universidad de Castilla- La Mancha, España. Ha sido ganadora de distintos premios y estímulos de carácter literario.

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