La pujante Pereira, mixtura paisa caucana, suma de sangres, se enriqueció con la llegada de otros temperamentos y pensares. Dos poblaciones, un mismo lugar.
José Daniel Trujillo Arcila
El día que el Capitán Jorge Robledo llegó a la confluencia del rio Bredunco con un desconocido afluente que ondulaba al ser besado por los vientos, supo que las nuevas aguas se conocían como Sopinga; caudal cuyas riberas eran habitadas por comunidad indígena que llevaba el mismo nombre. Hoy, el referido sitio lleva por nombre La Virginia.
Las aguas por las que regresaba a contracorriente en algunos tramos después de fundar Antioquia en 1541, eran surcadas en balsas elaboradas con tallos gigantes; gramínea desconocida por los europeos, quienes estaban acostumbrados a delgados bambús, madera que llevará a Cieza de León a afirmar que, en este lado del mundo hay cañaverales, refiriéndose a los guaduales, cuyos troncos tienen el grosor de la pierna de un hombre.
Con el grado de Capitán, Robledo fundó a Antioquia, territorio recorrido por el majestuoso caudal llamado por los conquistadores Rio Grande o de La Marta. Algunos afirman que Cauca es una versión castellanizada de Haucadam, siendo Bredunco el nombre dado por los indígenas de la región.
Desconocía Robledo que Don Pedro de Heredia, fundador de Cartagena, desataría contra él sus malquerencias, encarcelándolo y enviándolo preso a España donde sería absuelto, regresando a América con el grado de Mariscal.
No sería el único en quien despertara desafectos. Había acompañado a Sebastián de Belalcázar con quien luego disputaría territorios; deshaciéndose éste del envalentonado lugarteniente un cinco de octubre de 1546, sirviéndose de huestes leales que dan violenta muerte al Mariscal Robledo en el sitio llamado Loma del Pozo, de la actual jurisdicción del Pacora Caldas.
Antioquia o Santa Fe de Antioquia, hizo parte del territorio eclesiástico dominado desde Popayán por la jerarquía católica, cuyas potestades religiosas comprendían un vasto lugar de la actual Republica de Colombia. La colonial ciudad sería capital del Estado Soberano de Antioquia hasta 17 de abril de 1826, año en el cual Medellín asumió tal categoría. Algunos historiadores llaman a Antioquia “Ciudad Madre”.
Robledo había fundado en 1539 a Santa Ana de los Caballeros, hoy Anserma, también llamado “Anserma Viejo”; municipio bautizado como la “Colina iluminada de Caldas” y lugar que sirvió de partida en aquellas calendas para que la presencia española llegara a Mistrató, Guática y otros parajes de la patria.
Empecemos nuestra historia.
El nueve de agosto de 1540, Jorge Robledo funda a San Jorge de Cartago en tierras quimbayas, surcadas por los ríos Otún y Consota, espacio físico donde hoy se asienta la ciudad de Pereira.
Transcurridos ciento cincuenta años, los habitantes de San Jorge de Cartago, cansados de sus vecinos, habitantes de la cordillera central; aborígenes que insistían en rechazar a los forasteros, toman por consenso la decisión de trasladar el poblado. Otras razones hubo para tal determinación, entre ellas, la existencia de cercanas y mejores tierras; sabanas era el nombre dado a aquellos parajes.
Los agresivos habitantes de las laderas de la cordillera central fueron denominados Pijaos por los españoles, ya fuere por su belicosidad, agrupamiento de todos los habitantes cordilleranos o como señalan investigadores, porque algunos de ellos protegían su virilidad con una “pija”.
Los habitantes de San Jorge de Cartago optan por irse; nada más apropiado para ello que fértiles sabanas avistadas y donde los expedicionarios encontraron una gran corriente y en su orilla, una vieja india ricamente ataviada con joyas de oro, según unos, o lavando ropa, afirman otros: desde entonces, el rio tomó por nombre La Vieja.
No todos los habitantes partieron al nuevo poblado, algunos siguieron la labranza del pan comer y otros menesteres. La iglesia, la Casa de la Fundición, construcciones gubernamentales y chozas quedaron abandonados. La maraña dio cuenta del lugar. Autorizados historiadores apoyados en el Archivo General de Indias, entre ellos Víctor Zuluaga Gómez, dan cuenta que para 1650 ya el lugar había sido abandonado.
El 21 de abril de 1691, ciento cincuenta y un año después de fundado, desaparece oficialmente San Jorge de Cartago. Otro lugar ocuparon los descendientes de fundadores y lejanos pobladores; en esta ocasión, el río La Vieja sería su fuente de abastecimiento.
Villa de Pereira
En el mismo sitio donde había sido fundado San Jorge de Cartago, trescientos veintitrés años después surgiría La Villa de Robledo, la Aldea de Pereira luego Villa de Pereira, Caserío de Pereira, Distrito de Pereira. En aquellos primeros tiempos, el sacerdote cartagüeño Remigio Antonio Cañarte Figueroa, se referirá a la nueva fundación como Cartago Viejo.
El nombre de Pereira fue tomado en honor a Francisco Pereira Martínez, quien figura como prócer en las páginas de historia de Colombia. Con misa incluida y pretextando ser necesario un acto litúrgico para dar descanso al alma de aquel, el padre Cañarte ofició el espiritual acto acompañado de vecinos, muchos de ellos instalados en parcelas tiempo atrás. Nació la Pereira actual en dominios del cacique Consota.
El cabildo del Distrito de Pereira, determinó seis décadas después mediante acuerdo número 39 del 19 de octubre de 1923, que la ciudad fue fundada el 30 de agosto de 1863; momento histórico que ha llevado a estudiosos a hablar de “refundación”, por haber albergado en sus lares al trasladado Cartago; sabiéndose también, que en tales calendas ya había asentadas nuevas familias en los referidos parajes.
Es inexacto
Téngase en cuenta que es inexacto indicar el 30 de agosto de 1863 como el día en el cual se celebró la primera misa. Antes de tal fecha, narra el sacerdote Raúl Ortiz Toro en su investigación “Pereira y la Iglesia en el siglo XIX: fundación diacrónica y desarrollo”, el mismo cura Cañarte y el sacerdote Fulgencio del Castillo guía espiritual del Caserío de Condina, ya celebraban actos litúrgicos en la primera capilla construida en el lugar. La mencionada fecha corresponde al muy especial acto de inauguración del nuevo templo, evento este que destacó Cañarte en su informe a su antiguo compañero de seminario Pedro Antonio Torres, obispo de Popayán.
Importante agregar que mediante acuerdo número 13 del 19 de diciembre de 1878, suscrito por el presidente del cabildo Baltazar Gutiérrez, el secretario vocal Elías Recio y refrendado o sancionado por el alcalde de aquel entonces Carlos Arenas y su secretario Carlos L. Piedrahita, se determinó: “Que el Cabildo del Distrito de Pereira, interpretando fielmente el sentimiento general que ha causado la muerte del Prócer de la independencia, Pbro Remigio A. Cañarte, acaecida en este lugar el día 29 de Octubre de este año, lamenta su fallecimiento y su memoria la recomienda con respeto a la gratitud pública de Pereira, por haber sido su fundador”:
El papel oficial utilizado en aquellos tiempos, da cuenta de encontrarnos en Los Estados Unidos de Colombia – Poder Ejecutivo Nacional – o en Los Estados Unidos de Colombia – Estado Soberano del Cauca – y la escritura pública número 71 suscrita el 24 de abril de 1873, hablará de la Villa de Pereira Municipio del Quindío. Este documento resultará de sumo interés pues es la memoria testamentaria del Presbitero Doctor Remijio Antonio Cañarte (transcripción textual original).
Celebrada la Santa Misa en el nuevo templo, los lugareños se sintieron en casa, ahora estaban protegidos por la Virgen de la Pobreza, imagen venerada por la comunidad franciscana.
Los vecinos se organizaron, crearon el Comicio, órgano administrativo que ordenará los asuntos locales y designaron secretario con funciones de Notario a Elías Recio, llegado con el cura Cañarte. Otro acompañante del sacerdote fue Jesús María Hormaza Niño, quien fungirá como primer maestro del incipiente caserío.
El camino
Don Félix de la Abadía participante del festejo religioso fundacional, recibirá tiempo después la concesión para construir el llamado “Camino del Privilegio”, ruta que uniría a Cartago con Villa María, población separada de Manizales por el río Chinchiná, limites naturales entre los Estados Soberanos de Antioquia y Cauca.
Tiempo atrás se había emprendido la titánica tarea de construir un camino que uniría apartadas regiones y el cual sería llamado Camino del Quindío; ruta que arrancaba en Popayán llegando a Cartago Viejo hoy Pereira, iría a Boquía, Toche, Ibagué, terminando en Santafé de Bogotá. Sobre este camino los historiadores difieren en cuento a la fecha de su construcción; unos se remontan al siglo XVI; otros señalan que durante el gobierno de Pedro Alcántara Herrán (1841-1845) se promovió su construcción, no faltando el tramo Ibagué Cartago Viejo, cuya reconstrucción es obra del marqués Sebastián de Marisancena, fundador de San Sebastián de la Balsa, hoy Alcalá.
El Privilegio fue trazado pasando por Pereira, generando como efecto que aldeas o caseríos cercanos languidecieran, tal es el caso de Condina que terminó desapareciendo.
Nació una nueva cultura. Cartago aportaba caucanos “estudiados”, jerarquías coloniales, sellos y escudos. Españoles e hijos de estos estaban entreverados con indígenas y negros, dando lugar a una coloreada mezcla racial. Mestizos, mulatos, sambos, tercerones, cuarterones y otros grados más de mestizaje hacían presencia. Antioquia también hizo su aporte. Un nuevo brío llegó con paisanos arrimados de Abejorral, Sonsón, Marinilla y otras poblaciones del oriente antioqueño. Hombres y guapas mujeres con ganas de labrar la tierra y levantar familia arrimaron a las orillas del Otún y Consota.
Los negros estuvieron presentes antes de la fundación, provenían de las minas de Antioquia y otros del Cauca; algunos huían de sus amos y tiempo después de las guerras civiles. El mítico Negro Prudencio dará fe de su raza. La piel color ébano aún retumba. Reclaman no haber sido mencionados en la lista de asistentes al acto religioso celebrado por el sacerdote Cañarte, participante éste, antes de su ordenación como sacerdote, de las huestes bolivarianas durante las guerras de independencia.
Un nuevo templo
Los paisas llegaron surcando la cordillera central. Subieron por Arma, llegaron a Aguadas y desde allí, un torrente humano arañó la arisca topografía, acompañados de mulas, bueyes, ruanas, sombreros, machetes y rusticas herramientas. Los recién llegados se aprestaron a descubrir otros mundos. Buscaron guacas, otros fueron mineros, los más hollaron la tierra dando vida a cultivos y nuevas fundaciones. Los caucanos estaban cerca, eran vecinos del segundo Cartago.
Un nuevo templo, símbolo de unidad y espiritualidad, fue levantado en el mismo sitio ocupado siglos atrás por monjes que oficiaban el culto; osamentas de lejanos frailes aún reposan bajo tierra en el museo in sito de la actual catedral de Pereira.
La pujante Pereira, mixtura paisa caucana, suma de sangres, se enriqueció con la llegada de otros temperamentos y pensares. Dos poblaciones, un mismo lugar. Fascinante historia.



