Julián Cárdenas Correa
Enumerar o relacionar los escándalos del gobierno Petro en una columna de quinientas palabras sería imposible. En cerca de 170 semanas del actual gobierno, no hay semana en que no hayamos tenido un escándalo mayúsculo que opaca, casi siempre, el escándalo anterior.
Con el inicial nepotismo al designar a Ricardo Roa en la presidencia de Ecopetrol, terminando con la complicidad con la disidencias de Calarcá, podríamos, entre otros, señalar en estos más de tres años, estos escándalos:
Señalamientos de nepotismo en entidades públicas, incluida Ecopetrol con el nombramiento de Ricardo Roa. Caso Laura Sarabia y Armando Benedetti: Polígrafo a niñera, presunto abuso de poder; Revelación de chuzadas, Audios de Benedetti sobre financiación irregular y salida simultánea de Sarabia y Benedetti. Caso Nicolás Petro (“narco‑pagos”): Denuncias de su exesposa sobre dinero de narcos para campaña, captura en julio de 2023, proceso sigue con más de 60 testigos. Corrupción en el Estado: UNGRD – Carrotanques; Ecopetrol: Cuestionamientos a Ricardo Roa por nepotismo y denuncias de presiones políticas en proyectos energéticos. Video en Panamá: video viral de Petro en Panamá con una mujer trans. CNE – Violación de topes de campaña. Otros escándalos: Cuotas en la DIAN e INVÍAS. Caso “Papá Pitufo”: 500 millones entregados a la campaña. Los más recientes: Compra de aviones Gripen (Suecia), Bombardeos a enemigos de Calarcá, dineros de disidencias en campaña, Central de inteligencia del Estado cooptado por la disidencias con anuencia de la Fiscal General, lujos de Verónica Alcócer, Lista Clinton, Juliana Guerrero… en fin, este es un mega resumen.
Como ha sido señalado por muchos analistas, cualquier escándalo de estos, en un país normal, decente, habría llevado como consecuencia la renuncia de su presidente o, como mínimo, un proceso serio que avanzara en ese propósito.
Pero en Colombia increíblemente no ha pasado nada. Cada escándalo se tapa con otro y seguimos en nuestro día a día.
A esta altura muchos tenemos una teoría: Podríamos ser testigos presenciales de los peores vejámenes por parte del presidente de la República, podríamos ver pruebas inequívocas de lo peor a lo que podría descender un ser humano, y Gustavo Petro, seguiría ahí y sus millones de seguidores igual estarían firmes con su figura.
A estas alturas ya muchos nos dimos la pela intelectual de no intentar entender lo que sucede, y mucho menos explicarlo y, simplemente, concluir y asumir que los seguidores de Petro son, o tienen comportamientos de, una secta. Sí, una secta en todo el sentido de la palabra.
Google define una secta como “un sistema o grupo de personas que practican una devoción excesiva a una figura, objeto o sistema de creencias. Se caracteriza por tener un líder que predica una ideología o sistema de creencias explícito y que es seguido por creyentes incondicionales”.
Petro es un mal ser humano, carente de valores, al igual que muchos de sus allegados políticos, en eso no cabe duda. Pero que tantos colombianos (no necesariamente bodegas petristas de redes sociales) aún sigan defendiendo semejante nivel de bajeza, ya no encuentra explicación sino en una aberración sicológica que no sólo los hace ciegos a los escándalos mayúsculos, sino que los hacen pretender entender todo lo que hace su líder como un propósito escatológico.
En el libro Los Demonios de Dostoyevski, los nihilistas socialistas le dicen a su líder: “Usted es mi ídolo, Usted es mi caudillo, usted es mi sol y yo soy su gusano”. Ahí queda resumida y reflejada la relación entre los seguidores de Petro y su líder.

