La palabra que evita la guerra

En el corazón de la cultura wayúu, donde la palabra tiene el poder de detener una guerra y restaurar la armonía entre clanes, el pütchipüi —conocido como el palabrero— cumple un papel esencial para en la vida del pueblo guajiro.
Ilder Alberto Aguilar De Luque, palabrero nato del linaje epinayú de Manaure, La Guajira, explica cómo esta figura ancestral actúa como orientador y reconciliador en conflictos que van desde disputas menores hasta homicidios y guerras interclánicas. Reconocido por la UNESCO como patrimonio inmaterial en riesgo, el Sistema de Norma Propia Wayúu se mantiene vigente gracias a guardianes como Aguilar, quienes trabajan para preservar la paz, la verdad y la cohesión comunitaria en un territorio donde la palabra sigue siendo la herramienta más poderosa.

¿Qué es un palabrero?
La palabra palabrero en español a veces se entiende como alguien que “habla mucho”, un hablador. Pero en nuestro caso no es así.
En nuestra lengua materna lo llamamos pütchipüi (palabrero), que podríamos traducir mejor como orientador, reconciliador, la persona más pacífica de la comunidad. No es un abogado. Mucha gente dice “es como un abogado”, pero no: el abogado defiende solo a una parte. El palabrero protege y orienta a las dos partes, a la víctima y al victimario.
Por eso su oficio es distinto. Él llega cuando lo llaman, en cualquier eventualidad, para ayudar a restaurar la armonía.

¿Qué tipo de casos atienden ustedes como palabreros?
Nuestro sistema de normas no se limita a cosas pequeñas. Atendemos desde conflictos menores hasta los casos más graves en el pueblo wayuu como homicidio, feminicidio y guerras entre clanes. Todo tiene solución de acuerdo con la armonía que quieran reconstruir las familias afectadas.
La figura del pütchipüi es restaurativa. No está por encima de la justicia ordinaria, ni la justicia ordinaria por encima de ella. Es una justicia propia, basada en la verdad y en investigaciones reales dentro del territorio.
Por eso el modelo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), cuando habla de reparación, reconciliación, verdad y garantías de no repetición, se parece mucho a nuestro plan salvaguarda como pueblo wayuu. Es prácticamente el mismo espíritu.
Antes se hablaba mucho de la “ley wayúu” o la “ley del cobro”. ¿Cómo se entiende hoy su sistema normativo?
Hoy hablamos de nuestro Sistema de Norma Propia Wayúu, reconocido en 2010 ante el Ministerio de Cultura y presentado también ante la UNESCO, donde fue declarado bien inmaterial de la humanidad en riesgo de desaparecer. Ese sistema se basa en cinco pilares fundamentales: Lengua materna, espiritualidad, territorio, organización social y economía tradicional.

¿Cómo se llega a ser palabrero? ¿Se nace o se hace?
Las dos cosas. Hay quienes se hacen palabreros con el tiempo, pero también hay palabreros natos. En mi caso, yo soy palabrero nato.
En mi familia, por el linaje wayúu epinayú, siempre ha habido pütchipüi. Viene de generación en generación: Mi abuelo, el tío de mi mamá y ahora yo, que estoy al lado de él
Por eso quienes lideramos nuestra familia somos mi abuelo y yo. Hemos ido ocupando esos espacios de orientación.
Además de ser palabrero, ¿tiene alguna otra formación o profesión?
Sí. Soy bachiller técnico, especialista en resolución de conflictos, investigador cultural y hago parte de la Junta Mayor Autónoma de Palabreros, que fue una de las autoras de este proceso de reconocimiento y del plan salvaguarda.

¿Cuál ha sido el caso más complicado que te ha tocado atender?
Los casos más difíciles son, las guerras interclánicas en el territorio, cuando hay un muerto dentro de una familia. Ahí hay que persuadir a las dos familias que están en disputa. Hoy no es fácil vivir una guerra, porque económicamente el wayuu ya no está tan sólido como antes. Hoy es más complejo, por eso es tan importante formar a los niños en la paz, en la salud y en el cuidado del agua. El agua es salud y también educación, porque a través de ella aprendemos a comportarnos de manera colectiva.

¿No hay mujeres palabreras?
No, no hay mujeres palabreras. Ellas tienen un papel más importante que el nuestro como palabreros: la espiritualidad. La mujer wayuu es una autoridad espiritual. Hace parte de la sanación.
El trabajo del hombre tiene que ir siempre compaginado con el de la mujer, pero su rol es otro. Por eso no es ella quien asume el oficio de palabrera.

¿Cuántos palabreros existen actualmente?
Como tal, no son muchos. Hay quienes se hacen llamar palabreros, pero solo se dedican a llevar y traer chismes. Esos no son pütchipüi, porque dejan que la pelea siga y no orientan nada. El verdadero palabrero es un orientador: Persuade, hace entender a las dos partes
que deben buscar la salida desde su propio sistema de normas, no ir de inmediato a la justicia ordinaria. Además, no es solo una persona. Es un trabajo colectivo:

¿Cuál sería su mensaje final?
Mi mensaje para el mundo y para Colombia es que sigamos conviviendo desde la cultura: Que nos entendamos desde cada pueblo originario y que sigamos aportando desde nuestros saberes.

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