La joven Sarah Dzafce fue destituida como miss Finlandia por un supuesto gesto racista, protestado por algunos asiáticos. Su afrenta consistió en estirarse los bordes de sus ojos y afirmar en un video que quería comida china. ¡Vaya, vaya! Una actitud tan oprobiosa como la un hombre que dice un piropo no aceptado previamente a una mujer desconocida, agravios que deben ser severamente castigados. Como quieren los grafiteros se haga con quienes limpian las fachadas de su propia casa para borrar las consignas que ellos se creen con derecho a pintar. Han dicho borrarlas atenta contra la libertad de expresión y hay quién compre ese argumento. Ante esas exageraciones los miembros del colectivo “Me too”, “Verdes” y toda la línea de izquierdosos que pretenden imponernos su extravagante visión del mundo no deberían sorprenderse por el giro histórico hacia la derecha. La gente se está aburriendo de que algunos, invocando injusticias cometidas con generaciones pasadas, exija para ellos reparaciones de las generaciones presentes. Ni los unos tienen derechos especiales ni los otros tienen porque asumir culpas de sus antepasados. El delito de ser descendiente de esclavistas o colonialistas no existe, ni puede existir. Tampoco existe el derecho de afectar derechos básicos como el de la circulación para mostrar la inconformidad con el gobierno, los patronos o el clima. Si no cree pregunte a cualquier transportador si apoya los más de dos mil bloqueos que han afectado su trabajo en el último año. Feliz Navidad
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