Gonzalo Hugo Vallejo Arcila
El filósofo escita Anacarsis (siglo VI A.C.) vivió mucho antes que nuestros pensadores estoicos, pero una de sus frases fue retomada por ellos, tres siglos después. Afirmaba que hay tres tipos de individuos: “los vivos, los muertos y los que salen a navegar”. Navegar para él, era lanzarse a la aventura del descubrimiento, ejercicio que, según él, requiere mucho coraje y denuedo cuando se trata de enfrentar el riesgo y la incertidumbre. En sus “Cartas a Lucilio” se condensa gran parte de la sabiduría de Séneca y es allí donde encontramos su frase imperecedera: “Dum vita est, spes est” (“Mientras haya vida, hay esperanza”). Nuestra apuesta vital no se da por perdida hasta que la propia vida se acaba. En el nuevo año siempre habrá una segunda oportunidad, otra forma distinta de ver, ser y hacer las cosas. Su reflexión intemporal nos acompaña en este crucial y frágil comienzo.
“No hay camino fácil de la tierra a las estrellas”. Este adagio popularizado por Séneca se convirtió en el lema corporativo de las Fuerzas Aéreas de Kansas y Canadá. Los estoicos, aún el rico Séneca y, sin excepción alguna, enfrentaron grandes adversidades. Zenón de Citio fue un comerciante de ascendencia fenicia que vivió hace 28 siglos. Perdió toda su fortuna en un naufragio. Su ruina fue el punto de inflexión que transformó su vida y marcó el comienzo de su crecimiento y búsqueda espirituales. Desde aquella época, sentado en los pórticos del Partenón (stoas), sigue enseñándonos que la felicidad no depende de circunstancias externas, sino de la forma cómo las enfrentamos. Lo importante no estará en lo que nos ocurra, sino en la “actitud vital” con la cual vamos a encarar ese cúmulo de contingencias y vicisitudes. Habrá entonces una manera y sólo una de colonizar el mundo.
Y esa será conquistándonos previamente, comportándonos no como si fuéramos a vivir cien años, sino como si el fin estuviera cerca; no haciendo lo que queremos, sino queriendo lo que hacemos (Zenón le llamó libertad). Epícteto de Frigia vivió hace 25 siglos. Dejó de ser esclavo gracias a otro liberto que lo compró. En sus “Diatribas” y en su “Enquiridión” (“Manual”), escribía que “La libertad es el único objetivo digno en la vida y se alcanza ignorando las cosas que escapan a nuestro control” (un problema irresoluto, ya está solucionado). Al esperar que las cosas sucedan como deseamos que sean, nos convertimos en esclavos de un “por qué” que, a veces, no depende de nosotros. El emperador Marco Aurelio pasó largos años lejos de su familia, inmerso en una guerra irrefrenable contra germanos y sármatas, “bárbaros” que colapsaron el imperio romano…
Su diario, aquel manuscrito catártico donde condensó sus “Meditaciones”, acompañó al sexagenario en sus soledades bélicas y en su intrigante vida pública. Es allí donde encontramos sus sabias e inveteradas reflexiones que nos siguen acompañando 23 siglos después. Este sapiente rey afirmaba que era imposible evitar el sufrimiento el cual nace cuando se confunde lo transitorio con lo imperecedero. Debemos reconocerlo y aceptarlo: abrazar la tormenta para convertirla en viento que impulse las velas de ese barco que es nuestra existencia. Con sus meditaciones iniciaremos el nuevo ciclo: todo lo que oiremos serán opiniones, no hechos; todo lo que veamos, serán perspectivas, no verdades; no temeremos perder todo aquello que no nos pertenece; no aceptaremos nada que nos esclavice, incluso la aprobación que nos piden los demás. Sólo gobernará nuestra actitud.
¡Bienvenidos al nuevo año!
Supervisor de educación

