El silencio oficial frente a Irán

Sebastián Arango

Hace un tiempo se proyectó en el país la película La semilla de la higuera sagrada, del director iraní Mohammad Rasoulof. En ella se percibe la tensión entre el alcance totalitario del régimen islámico y el hartazgo de una generación que ha vivido bajo la represión y el control asfixiante de un poderoso aparato ideológico, policivo y religioso.

Resulta inevitable relacionar la película con las protestas de las últimas semanas en Irán. Las noticias que llegan desde Teherán evidencian las grietas de un modelo que, mediante el control social, el abuso sistemático de la fuerza y una interpretación extrema de la religión, ha logrado sostenerse por décadas.

Quisiera ser más optimista sobre la suerte de este alzamiento, pero el andamiaje del régimen iraní es profundo y, como ocurre en la familia retratada por Rasoulof, se ha arraigado en las esferas privadas y en las ambiciones de una amplia capa social que vive de la “Revolución”. Ojalá esta vez lo consigan y logren impulsar cambios en un régimen que tanto daño ha hecho a la sociedad iraní. Como en ocasiones anteriores, las mujeres iraníes son las protagonistas: su coraje, al desafiar el orden implantado por los islamistas, es admirable.

En este contexto, resuena el silencio del Gobierno colombiano frente a lo que sucede en Irán. El número de muertos y heridos es aterrador: se estima que entre dos mil y diez mil personas han sido asesinadas en el marco de las protestas. Las fuerzas policiales han disparados contra cientos de jóvenes y la brutalidad de las golpizas han sido ampliamente documentadas. Aun así, hasta el momento no se conoce ningún pronunciamiento de esta administración, que tan vocal ha sido frente a otros escenarios y que, desde hace unas semanas, ocupa un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Por su parte, muchos activistas que sostienen que la defensa de la vida es un asunto “universal” hoy se mantienen en silencio. ¿Por qué será? ¿Creen acaso que condenar los abusos del gobierno iraní equivale a alinearse con sus enemigos declarados, Estados Unidos e Israel? ¿O interpretan esa condena como una traición al régimen que, de manera equivocada, erigen como un modelo de “resistencia”? En cualquier caso, este silencio ratifica que la defensa del derecho a la vida y de la libertad de expresión no es tan universal como proclaman en plaza pública.

El régimen iraní es responsable de incontables crímenes en contra de la vida de mujeres y opositores políticos, así como de violaciones de la libertad de expresión, y la lista podría continuar. Quienes se atreven a levantarse contra esa maquinaria letal, y en especial las mujeres cruelmente oprimidas por los ayatolás y sus seguidores, merecen todo el reconocimiento y el apoyo; no el silencio oficial de quienes dicen ser potencia de vida.

Otras opiniones

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -