Cookie Créme: Un símbolo de celebración y memoria dulce

Un recordatorio íntimo y poderoso de que la gastronomía es un lenguaje universal, capaz de unir territorios, generaciones y culturas.

James Llanos Gómez

En el corazón de Navarra España, allí donde el arte parece respirar en las calles y la cultura se posa en los gestos cotidianos, nació Cookie Créme. No surgió como nacen los negocios, sino como brotan las historias que necesitan ser contadas: lentamente, desde la memoria y el afecto. Su creadora, Yuliana Andrea Llanos, heredó el oficio de las manos sabias de su abuela-madre Marina, una mujer que cocinaba no solo alimentos, sino refugios. Ese legado doméstico hecho de hornos tibios, silencios compartidos y recetas sin papel se entrelazó con la curiosidad de Yuliana por la historia, llevándola a descubrir que, desde la Antigua Grecia, cocinar ha sido también un acto de respeto, de rito y de creación simbólica.
En aquellos tiempos remotos, los pasteles no eran simples dulces. Eran ofrendas. Eran símbolos. Las obelinas, tortas redondas bañadas en miel, se elevaban hacia Artemisa, diosa de la luna, como quien eleva un deseo. Allí, en ese gesto antiguo, ya estaba contenida la idea de que la gastronomía es un lenguaje sagrado, un patrimonio vivo que cambia de forma, pero no de sentido.

Herencia
Esa herencia invisible palpita hoy en cada creación de Yuliana. Sus galletas rellenas de chocolate han viajado de mano en mano, endulzando reuniones familiares y encuentros afectivos en Pereira, Risaralda, y en Guadalajara de Buga, Valle del Cauca. Chocolate, arequipe, mora y vainilla no son solo sabores: son voces. Cada uno despierta recuerdos dormidos, emociones íntimas, vínculos que se reencuentran. Porque, como suele decirse, la cocina es memoria, y cada receta es una manera de contar quiénes somos.
Desde septiembre de 2024, Cookie Créme se sumó a esa larga cadena de celebraciones humanas donde el pastel ocupa el centro de la mesa y del afecto. De los rituales antiguos a los cumpleaños, de las bodas a los encuentros improvisados entre amigos, Yuliana supo recoger la tradición y devolverla al presente con sencillez, calidad y cercanía, hasta convertir su propuesta en un espacio donde la gastronomía y lo humano se abrazan.

Acto de cuidado
Para ella, preparar un pastel no es una tarea mecánica, sino un acto profundo de cuidado. Cada pedido es tratado como se cuida a un hijo, como se protege a la familia. Esa ética del afecto se prolonga en su compromiso solidario, en su disposición a compartir y a apoyar a quienes más lo necesitan, confirmando que la pastelería también puede ser una forma silenciosa de transformación social.
En un mundo que suele medir el éxito en cifras y balances, Yuliana eligió otro camino. Para ella, el dinero no es un fin, sino un símbolo: un medio para hacer la vida más amable, más dulce, más compartida.
Hoy, Cookie Créme se levanta como un recordatorio íntimo y poderoso de que la gastronomía es un lenguaje universal, capaz de unir territorios, generaciones y culturas. Más que una marca, es una historia viva; más que un producto, un gesto de unión. En cada galleta persiste la certeza de que cocinar es también narrar, cuidar y preservar aquello que, como comunidad, nos mantiene unidos.

 

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