Por: Duberney Galvis
La política del gobierno Petro en la línea de depender cada vez más de la “internacionalización” del precio de los combustibles, puso a los colombianos a pagar alzas en el precio de la gasolina de más del 70% desde octubre del 2022. En similar senda marcharon los precios del diesel. Estos incrementos, impactan en los costos del transporte de pasajeros, alimentos, fletes, mercancías y labores del sector rural que usan maquinarias que requieren combustibles.
De igual manera sucede con los costos del gas vehicular, industrial y domiciliario. El bolsillo de los consumidores recibe golpe tras golpe. Así lo advirtió el dirigente de la Liga de Usuario de Servicios Públicos Domiciliarios de Pereira, Humberto Gutiérrez: “El gobierno de Gustavo Petro autorizó una nueva alza del gas domiciliario e industrial que, en casos como los del Eje Cafetero, alcanzará entre 25 % y 30 % del costo actual del metro cúbico de gas, todo en el marco de su política profundamente regresiva de no producir o explorar gas en el territorio nacional, con el pretexto de salvar al medio ambiente, como si el gas importado no contaminara.” (Soberanía.co 29/12/2025)
El hecho no es fortuito, y como Petro apagó el volcán de la movilización social y cooptó a buena parte de la dirigencia del país, los colombianos padecen estas alzas sin que haya quien los defienda. Peor aún, buena parte de los que debieran hacerlo están concentrados en debates insulsos con este mal gobierno. La baja inversión y la reducción de reservas de hidrocarburos, como política declarada del presidente, condujo al país a que escasee la oferta de gas al tiempo que las reservas siguen siendo deficitarias.
Esto tiene un agravante, la decisión de reducir la producción y exploración de combustibles fósiles, más el descalabro de la política de transición que pudo ser una fuente complementaria antes que sustitutiva, por lo menos hasta tener suficiencia plena de estas, terminó por impulsar el consumo de combustibles importados. Es decir, mientras el gobierno pierde suficiencia mineroenergética, entrega la soberanía en esta materia a los negocios de las compañías extranjeras.
La engañifa es negocio redondo, por un lado pone a los colombianos a pagar por fuentes de este tipo cada vez más costosas, por el otro, destruye las finanzas públicas nacionales. Varios expertos vienen advirtiéndolo.
Nota al pie: Colombia es de los pocos países en que un presidente convoca una marcha por la soberanía, y horas después sale en un balcón a decirle a los marchantes que ya arregló con el Mister Gringo. Como el mismo Petro lo publicó en la red social X el 7 de enero, el“jaguar” de la Casa de Nariño apechichado con el águila imperial. Peor aún, no faltó quien lo aplaudiera.

