Nuestra América

Por: Ramiro Tabares Idárraga

Durante este fin de semana, Bogotá será el escenario del encuentro Nuestra América, con la participación de importantes delegados del partido demócrata, del partido liberal y de corrientes progresistas de 20 países. Sera una cumbre por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, en momentos difíciles, ante la escalada terrorista del gobierno de Estados Unidos.

Por más de 200 años, bajo la doctrina Monroe, la nación del norte la usó  para ampliar sus fronteras y territorios. Le funcionó para anexar Texas, Nuevo México, California, Cuba. Panamá, Alaska y Hawái, con la complicidad de gobiernos corruptos y empresarios mafiosos, a quienes nunca toca en sus grandes fortunas producto de actividades ilícitas como las drogas, el juego, la extorsión y la usura.   Colombia no ha sido la excepción,  patrocinando  guerras civiles, generando  caos y deuda pública y al final por tres pesos se robaron Panamá. Esta es una de las herencias del periodo titulado la hegemónica conservadora que mal gobernó de 1886 a 1930. También heredado de este nefasto periodo de nuestra historia está la entrega de  recursos como el petróleo, el carbón y el banano con masacre incluida de tres mil muertos y hasta el asesinato del más gran libre pensador Rafael Uribe, ocurrida en Bogotá en 1914.

Las naciones son soberanas para definir desde el ordenamiento legal y constitucional, su política económica, social, ambiental y de relaciones exteriores. Las relaciones comerciales, se definen mediante acuerdos arancelarios con beneficio para las partes. Trump  como estudiante de economía en  primer semestre de manera unilateral activo esta bomba de tiempo y ahí están los resultados. Escasez de mano de obra, híper inflación, desempleo, inseguridad y 48 millones de pobres sin las tres comidas regulares, sin vivienda y carentes de un sistema de salud  protector. Eso no es democracia, ese no es el sueño americano.

Antes de la llegada de europeos y norteamericanos este territorio estaba poblado por  civilizaciones. Eran imperios con ciudades cosmopolitas, vías, centros de comercio, universidades y hasta con sistemas de tributación. Son pueblos nativos de más de 10 mil años y Colón apenas llegó por accidente en el siglo XV y los gringos en el XIX. Escritores como Eduardo Galeano, German Arciniegas y William Ospina, han dedicado las mejores letras de su rica producción literaria para hacer reconocimiento a esos pueblos originarios, sus territorios y sobre todos  los saberes ancestrales que dan identidad a nuestra América.

Esta América debe permanecer unida no solo bajo preceptos étnicos y de territorio, sino por la conjugación de valores superiores como dignidad, soberanía y libertad.

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