En lo profundo de los bosques altoandinos y páramos que rodean a Pereira, un animal silencioso y esquivo cumple una función esencial para la vida: la danta de montaña, científicamente conocida como Tapirus pinchaque. Este mamífero, el más grande de los Andes del norte, no solo es una rareza biológica; es una pieza clave para el equilibrio de los ecosistemas que abastecen de agua y oxígeno a miles de personas.
Consciente de esta realidad, el Concejo Municipal de Pereira aprobó en diciembre de 2025 el Acuerdo Municipal 37, mediante el cual declaró a la danta como especie de protección especial, relevancia ecológica y valor cultural para el municipio. La norma, sancionada en enero de 2026, también institucionalizó el 27 de abril como el Día Municipal de la Danta, convirtiendo a Pereira en el primer municipio del país en otorgar este nivel de reconocimiento político y simbólico a la especie.
La decisión
La declaratoria no surgió del azar ni del romanticismo ambiental. Los estudios presentados ante el Concejo revelaron un dato contundente: Pereira alberga cerca del 92 % del paisaje funcional ocupado por la danta de montaña a nivel global. En otras palabras, el destino de la especie depende, en gran medida, de lo que ocurra en este territorio.
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la danta de montaña está catalogada en peligro de extinción, con una población mundial estimada en menos de 3.000 individuos. La fragmentación del hábitat, la expansión agropecuaria, el cambio climático y la presión humana han reducido drásticamente sus espacios vitales, confinándola a pequeños relictos de bosque andino.
Guardiana del agua
Más allá de su vulnerabilidad, la danta cumple un rol ecológico insustituible. Es considerada una “ingeniera del ecosistema”: al desplazarse por grandes extensiones —entre 2,5 y 3,5 kilómetros cuadrados— abre senderos naturales, dispersa semillas de gran tamaño y favorece la regeneración del bosque.
Su dieta, basada en hojas, frutos y brotes, permite que semillas de múltiples especies germinen lejos del árbol madre, aumentando la diversidad vegetal. Estos procesos fortalecen los bosques que regulan el clima, capturan carbono y, sobre todo, protegen las fuentes hídricas que abastecen a Pereira y al Eje Cafetero.
No es casual que la mayor parte de la población de dantas del municipio habite en áreas estratégicas como el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya y el Parque Regional Natural Ucumarí, territorios que también son claves para el suministro de agua potable.
Amenazas
Durante los debates del Concejo, las autoridades ambientales advirtieron que la danta enfrenta amenazas cada vez más complejas. Una de las más graves es la presencia de perros domésticos y ferales, que persiguen, atacan y transmiten enfermedades a los tapires. Casos documentados de dantas heridas, estresadas o afectadas por miasis (gusano barrenador) encendieron las alarmas en los últimos años.
A esto se suma la presión del cambio climático, que altera los ecosistemas de páramo y reduce la disponibilidad de alimento; la deforestación en zonas de amortiguación; y la expansión de actividades humanas que fragmentan su hábitat.
Compromiso
El Concejo de Pereira sustentó su decisión en un sólido marco jurídico. La Constitución colombiana obliga a las entidades territoriales a proteger las riquezas naturales; leyes como la Ley 1774 de 2016 (que reconoce a los animales como seres sintientes) y la Ley 2455 de 2025 (Ley Ángel) refuerzan la protección de la fauna silvestre.
Además, la Ley 136 de 1994 faculta a los concejos municipales para dictar normas en defensa del patrimonio ecológico. Bajo este contexto, la declaratoria de la danta no implica gasto público adicional, pero sí un compromiso político y ético de largo plazo.
Salvar a la danta
La declaratoria se articula con acciones que ya se desarrollan en el territorio. La Cárder, autoridad ambiental de Risaralda, lidera programas de monitoreo poblacional, atención veterinaria de individuos heridos y control de amenazas como los perros asilvestrados.
Uno de los hitos más relevantes fue la alianza con la Universidad de Stanford, que permitió integrar el enfoque One Health (Una sola salud), entendiendo que la salud de la danta, los ecosistemas y las comunidades humanas está profundamente conectada. De esta cooperación surgieron mesas técnicas para abordar cuatro frentes clave: manejo de población canina, tratamiento de dantas afectadas, monitoreo científico y estudio de enfermedades.
Educación ambiental
La protección de la danta también se construye desde la gente. En el corregimiento de La Florida, comunidades rurales, instituciones educativas y organizaciones ambientales celebran el Festival de la Danta de Montaña, un evento que combina cultura, ciencia y educación ambiental.
Niños, campesinos y visitantes aprenden que proteger a la danta es proteger el agua, el bosque y el futuro. La especie ha comenzado a consolidarse como un símbolo identitario de Pereira, comparable a lo que representa el oso de anteojos en otras regiones andinas.



