Crece la discusión por los efectos de las pantallas en la educación de los niños

Por: Duberney Galvis

Vuelvo al ruedo con estos temas. Ya había escrito aquí en El Diario acerca de la brecha digital entre niños pobres y ricos, que no es como la pinta. Y en esta ocasión trato sobre el declive de los puntajes en las pruebas estandarizadas de los estudiantes y su relación con el uso de dispositivos móviles y portátiles. De mi interés, por la formación como docente y el rol de padre. Y porque considero le atañe a la sociedad en general. Parto de una autocrítica mal hecha, digo mal hecha porque me resisto a quienes instan a la prohibición como principal mecanismo para abordar la problemática. 

Vayamos entonces al punto, en Estados Unidos hay un debate amplio al respecto, y no referencio a este país en la idea del coloso del norte, sino porque marcha adelante en varios los eslabones de la educación. Allí lograron discernir, por ejemplo, que el cierre de la brecha tecnológica puede tener efectos inversos, es decir, la garantía de que sus estudiantes tengan el mayor acceso a dispositivos tecnológicos, no era condición suficiente de avance. Por si acaso, también la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid trabaja en ello. 

En concreto, hacia noviembre del año anterior, en la sección “Guest Essay”, del diario The New York Times “ensayo invitado”, la doctora Jean M. Twenge publicó el texto “The Screen That Ate Your Child’s Education” (la pantalla que se comió la educación de tu hijo). Su fundamento parte de las pruebas estandarizadas de Estados Unidos, pero también tiene en cuenta las realizadas a nivel mundial, pues “el rendimiento de los jóvenes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias alcanzó su punto más bajo en 2022”. 

Tiene en cuenta ella los efectos de la pandemia del Covid-19, pero precisa que el declive en los puntajes comenzó desde el año 2012. Y señala como un culpable obvio a los teléfonos inteligentes cuya popularidad coincide con los periodos en los que los puntajes de los estudiantes comenzaron a descender. Arguye, el impacto negativo ha sido tal, que muchos distritos escolares implementan las prohibiciones de teléfonos, e incluso todas las escuelas públicas del estado de New York “prohibieron las computadoras portátiles personales, tabletas y relojes inteligentes”. 

Y menciona algunas de las distracciones que impactan el desempeño académico, “distracciones extremas, contenido inapropiado, pérdida de tiempo instruccional, acceso sin restricciones”. Expone por igual algunas alternativas. Justo aquí surge una inquietud central acerca de la capacidad de las instituciones para limitar el uso de estos dispositivos a lo académico. 

Por ende, sería este un buen tema para debatir, por ejemplo, durante las actuales elecciones, más allá de las discusiones estériles sobre qué peinado o color de cabello lucen los estudiantes. No obstante, en las actuales circunstancias del país, de manera desafortunada, no es un asunto de interés colectivo. 

 

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