Trivialidades

Por HÉCTOR TABARES VÁSQUEZ

En el trasegar y caminar por estos senderos de la vida, no es para menos que hallemos con suma frecuencia,  asiduas, serie indeterminada de torpezas, de errores cometidos no tanto en el firme propósito de hacer un mal o de causar daño, sino en el enorme y colosal manejo equivocado de nuestras acciones, predominando en ellas, la trivialidad, lo vacuo y lo intrascendente, otorgándole un  mérito superior a las cosas fugaces, pertenecientes al  desvalor y  la fragilidad humanas. Digamos en términos mayormente apropiados, ocupados de lo superficial, nada constructivo, edificante, en actitudes de desgano, desdén, poco o cero preocupados en llevar a cabo asuntos de otra envergadura, aplicados a la fase espiritual y  emocional, generalmente olvidados de un futuro y malgastando el presente, sin avizorar la mole de problemas o de inquietudes a cobrar en el mañana, a consecuencia de esa manera indiferente y descuidada de ser o haber sido,  obrar y no cavilar,  omitir y no  ejecutar o  elaborar en ruta de un contenido pleno de verdades y no de ideas, al fin de cuentas desperdiciadas o no tenidas. Lo cierto y concreto es  al llegar al punto de ahora, de los momentos en antes volátiles y fútiles,  silenciados, pensados y meditados, tardíamente traducidos en  reflexión inútil, ausente de fronteras, pasiva, fuera de foco, empezamos a darle un valor adecuado, acompañado de la nostalgia y la desazón en razón de la inaplicabilidad, del uso,  la práctica,  lo imperativo de su necesidad y propiedades desdeñadas. Entonces es cuando extrañamos y sentimos ese inmenso vacío y clamamos la incapacidad, la carencia de constancia, la inexistencia de ponderación indicada, real, evidente de los intentos de acudir al afecto,  la compañía, comportamiento, a explorar otros objetivos ajenos a la engañosamente denominada independencia, privados de solidaridad, omisos en la confraternidad y guiados  de la mano del egoísmo, al margen de cualquier  mínima reacción de consideración personal o ajena. Era más crucial y oportuno el estar en ámbitos apartados, singulares, buscando un ideal o  meta, si bien válidas en guardadas proporciones, no se concedió el libre paso a la adhesión, al delicado e intangible asomo de un compartir de las horas y de los instantes de solaz. No cayó  la idea en pro de admitirle vía y patente de corzo a la grandeza del convivir, comunicar, de plantar la  semilla instrumento de guía y de contera, a celebrar los días y las noches bajo la égida de  voces diversas a las propias, gozando y alegrándose de respirar y de permanecer. Empero, no obstante las gratas jornadas vividas, no faltará la pertinente aserción de llorar como niño lo  no podido realizarse de hombre. Gajes del oficio comentarán algunos, los demás lo tomarán en forma de una especie de ignorado y extemporáneo lamento.

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