Gestión fiscal y salario mínimo reavivan el fantasma de tasas más altas en 2026, alerta el Banco de la República

El Banco de la República encendió una nueva señal de alerta sobre el costo del dinero en Colombia. En una intervención ante el Congreso de Tesorería de Asobancaria, el gerente del Emisor, Leonardo Villar, advirtió que el reciente ajuste de la tasa de política “no es suficiente” para mantener el sesgo contractivo y que podrían venir incrementos adicionales si las expectativas de inflación no se corrigen de forma sostenida.

El mensaje se produce días después de que la Junta Directiva subiera la tasa en 100 puntos básicos hasta 10,25%, en una votación dividida, poniendo fin al ciclo de recortes iniciado en 2023.

En el centro del diagnóstico del Banco aparece el frente fiscal. Villar sostuvo que la suspensión formal de la regla fiscal y el aumento del déficit primario impulsaron la demanda interna más allá de lo previsto. Según estimaciones preliminares citadas por el gerente, el déficit primario del Gobierno Nacional en 2025 habría rondado 3,2% del PIB y, entre 2023 y 2025, el “impulso fiscal” a la demanda agregada habría sido del orden de tres puntos del PIB.

Ese mayor gasto, en un entorno de demanda interna dinámica, habría añadido presión sobre precios y limitado el margen para bajar tasas. En su presentación, Villar afirmó que la demanda interna creció por encima de 4% real anual en varios trimestres y llegó a 5% real en el tercer trimestre de 2025, un ritmo superior a la capacidad de respuesta de la producción local.

La segunda gran fuente de presión, según el Banco, es el choque salarial. Villar señaló que el anuncio del aumento del salario mínimo para 2026 (23,2%) disparó las expectativas inflacionarias: la proyección técnica del Banco para inflación a fin de 2026 pasó de 4,1% a 6,3% entre diciembre y enero, y las expectativas de analistas para inflación básica también subieron con fuerza.

El Emisor añadió un elemento cambiario que, en su lectura, golpea la competitividad: con una apreciación del peso de más de 12% frente al dólar, el salario mínimo medido en dólares aumentaría “en algo más de 38%”, con impactos potenciales en sectores intensivos en mano de obra orientados a exportación (como flores o ‘call centers’) y en los que compiten con importaciones.

El canal financiero ya estaría reflejando el deterioro. Villar advirtió que el aumento de la inflación esperada encarece la financiación del Gobierno vía TES. En su intervención precisó que las tasas cero cupón de TES en pesos a cinco años subieron cerca de 200 puntos básicos entre enero y diciembre de 2025 (de 10,5% a alrededor de 12,5%), pese a que la tasa de política estuvo estable o bajando en buena parte de ese año.

La advertencia del Banco coincide con reportes de prensa económica que subrayan el cambio de tono del Emisor: la inflación de 2025 cerró alrededor de 5,1% y el escenario base para 2026 incorpora presiones por costos laborales y exceso de demanda, con una inflación proyectada por el Banco cercana a 6,3% para finales de 2026.

En resumen, el Banco de la República está planteando un mensaje doble: sin corrección de expectativas (y con un impulso fiscal que alimente demanda), la tasa de intervención podría subir más en 2026; y, en paralelo, el choque salario–moneda apreciada elevaría costos internos y tensionaría la competitividad externa.

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