Por: Carlos Andrés Hernández
Este 2026 la crisis climática ambiental trae consecuencias devastadoras para el planeta, de nuevo se vuelve a poner la lupa a los mayores riesgos desde diferentes perspectivas y factores que están afectando el desarrollo de las naciones y ponen en riesgo el futuro de la humanidad, tanto ambiental como económico y social. Los mandatarios mundiales tienen un enorme reto de asumir compromisos que puedan materializarse en políticas y acciones reales y contundentes que puedan mitigar y evitar los riesgos expuestos que ponen en peligro la integridad del planeta. En dicho informe se identifican riesgos a ser intervenidos en el corto y mediano plazo. Con anterioridad se venía evidenciando el enorme riesgo que trae las afectaciones por la falta de mitigación del cambio climático y la destrucción del medio ambiente, situación que debe ser intervenida con mayor contundencia y compromiso por parte de las naciones; Esta falta de efectividad pone en la agenda mundial enormes riesgos en materia de desastres naturales por inundaciones, movimientos en masa y huracanes y tornados entre otros. Dicho riesgo causado por la degradación del medio ambiente y perdida de ecosistemas, se encuentra asociado a otro riesgo producido por dicha descompensación natural y es la crisis alimentaria producto de la falta de inversión, tecnificación agrícola de los países y los fenómenos naturales asociados al clima y a las plagas que ponen en riesgo la producción de alimentos a nivel global. Situación que estamos viviendo hoy en día en nuestro país, causante de fenómenos inflacionarios y de poca productividad en el sector agrícola que afectan la economía. Lo anterior según los analistas será proclive al aumento del costo de la vida el cual amenaza con un gran riesgo de recesión económica global, esto desencadenaría a corto y mediano plazo fenómenos acelerados migratorios, evidenciándose enormes deficiencias en materia de cohesión social y polarización que llevara a muchas naciones a enfrentamientos geoeconómicos y políticos como el que vivimos actualmente en varias regiones del mundo, que está generando consecuencias nefasta para la economía y la producción agrícola global. El gobierno Petro no ha podido ser el más efectivo en materia de mitigación del riesgo de varios factores diagnosticados con anterioridad, entre ellos encontramos deficiencias en el ordenamiento del territorio alrededor del agua como eje de vida y determinante en la protección del medio ambiente y los recursos naturales a través de una adecuada planificación y uso de los recursos ambientales y el urbanismo del territorio. Otro aspecto a tener en cuenta que ha generado gran polémica es la aplicación de cambios de paradigma en el modelo productivo, aprovechando y optimizando las actividades humanas de manera equilibrada y sostenible con el medio ambiente, respetando el derecho de vida de las comunidades y utilizando modelos diferentes de generación de fuentes de energía mediante métodos limpios e innovadores, generando resiliencia y minimización del impacto ambiental asociado directamente a la degradación del cambio climático. Es importante recalcar que para materializar dichas acciones que han sido expuestas desde el ámbito internacional como compromisos de gobierno y de estado, es indispensable ser muy técnicos pero también muy ordenados en el análisis y la planificación en las acciones a ejecutar, no basta solo con buenas intenciones, es necesario hechos reales y tangibles, acompañados de tacto y prudencia a la hora de comunicar y socializar los proyectos, elemento clave que muchas veces le falta a varios ministros inexpertos del gobierno.

