Presentamos una reseña de The Canterville Gosht recientemente lanzado por Panamericana Editorial, dentro de su colección The English Bookmarks, dedicada a la publicación de clásicos de la Literatura Universal en su lengua original.
Jefferson Echeverría
Dentro de las posibilidades narrativas que enseña el universo de Wilde, cualquier cosa puede pasar, sobre todo cuando las señales de un humor sutil reflejan una ruptura con los estilos comunes. Sus finas maneras de elaborar el mundo que se le antoje, cada suceso que se nutre de una prosa única, reviste misterios extraordinarios, muchas veces provocadores para una época donde muy pocos estuvieron preparados para su pluma y su personalidad peculiar. Tales virtudes logran destacar de su enigmática imagen una genialidad auténtica que le ubican en la inmortalidad sin necesidad de acudir al viejo recurso de la retórica reforzada ni mucho menos de la rimbombancia poética.
Con esta apreciación, queda claro que su vasta obra siempre ha hablado por sí mismo. Sus cuentos, poemas y, por supuesto, su más reconocida novela, han sido con el paso de los años sus máximos estandartes, las vivas marcas de una identidad que aún insiste en permanecer dentro de la memoria de varios lectores en el mundo. Pese a vivir en una época que lo condenó a prisión y, posteriormente, a un inmerecido exilio, la verdad es que ninguna de estas barreras ha logrado desvanecer su imagen dentro de la literatura. Desde un relato simple hasta una obra exigente, la pasión con la que su pluma desafía entornos y juega con la realidad preserva la misma lozanía, el mismo humor refinado y la misma coherencia con ese esmero tan peculiar por revelarse contra todo y contra todos.
Dicho lo anterior, tenemos a un Oscar Wilde como el dublinés: el irreverente, el narrador el polémico, el verdadero genio incomprendido, que también tuvo la loca idea de escribir relatos fantásticos e infantiles. Para alguien de su carácter esto parece insólito, sin embargo, tales impulsos narrativos reafirman una vez más su genialidad poética, tan digna de una imaginación prolífica.
Un fantasma
Uno de sus relatos más ilustres nos muestra a un fantasma que lleva siglos encerrado en una mansión antigua. En principio puede parecer una historia común, trivial si se quiere decir, pero poco a poco, los diversos sucesos nos envuelven en una comedia sobrenatural exquisita, donde el misticismo se desvanece y prontamente la sátira se apropia de ese mundo irreal a tal punto de ridiculizarla. El alcance de las circunstancias y todo el desarrollo tanto de los escenarios como de los personajes están tan bien elaborados que, a la larga, Wilde nos demuestra una vez más su capacidad creativa al momento de proponer otra forma de describir el terror.
El cuento, llamado El fantasma de Canterville (o The Canterville Ghost en su idioma original), narra la historia de la familia Otis que se aventura a comprar una mansión antigua donde se esconde un secreto infernal: un presunto crimen pasional cometido hace varios siglos. El propietario y vendedor de dicho lugar, de nombre Lord Canterville, le reitera a la familia sobre la extraña aparición de un fantasma que ronda por todos los rincones de la mansión. Innumerables han sido las veces en las que anteriores residentes han sido azotados por la presencia del espectro, dejando una incertidumbre continua no solamente en su interés por vender la mansión, sino también en los rumores que se han formado en los alrededores del pueblo. Pero a la familia Otis parece importarle poco, principalmente al ilustre señor Hiram B. Otis, ministro de los Estados Unidos, cuyo carácter pragmático y frío le impiden creer en supersticiones rurales, sobre todo cuando se trata de fantasmas.
Sellado el acuerdo, pese a las reconvenciones, la familia Otis, conformada por Lucrecia, la refinada esposa de Hiram; Washington, el hijo mayor; la cándida joven Virginia y los inquietos gemelos, de sobrenombres Estrellas y Rayas, empiezan su nueva vida en la reconocida mansión Canterville. Y desde la primera noche ocurren eventos fuera de lo normal. Ni los ruidos de cadenas extendiéndose a lo largo de los pasillos, ni el frío que penetra por los rincones a pesar de mantener puertas y ventanas cerradas, ocasionan tanta perplejidad como la mancha rojiza que se encuentra regada en el parqué de la biblioteca. A primera vista parece sangre, pero, ¿quién de la familia pudo haber sido tan descuidado y dejar semejante estropicio?
La sangre
Sin embargo, el evento inusual no parece espantar a la familia Otis. Ni siquiera cuando la ama de llaves les revela que la mancha regada es nada menos que la sangre de lady Leonor Canterville, la mujer asesinada por Simón Canterville en el remoto año de 1565. Pero nada como un buen quitamanchas y una actitud práctica (tan común en la gente que proviene de la capital norteamericana) que puedan apaciguar los rumores fantasmagóricos. Pocos días después, tras una breve pausa de aparente silencio, el fantasma hace de nuevo su aparición con la misma escena ensangrentada, sólo que ahora con colores variados, es decir, la sangre, tan espesa al inicio, va adoptando un color esmeralda.
En aras de otra familia, esta situación ya habría provocado un tremendo escándalo. Pero la costumbre de asimilar todo con el fino humor cosmopolita, hace que cada quien de los Otis proceda a ignorar las artimañas del espectro y más bien continuar con el curso natural de sus días. Esta actitud despierta una profunda consternación en el susodicho fantasma quien, al notar cómo estos nuevos inquilinos no se inmutaron ante la mancha, prosigue a tramar nuevas triquiñuelas. Lo intenta con el viejo recurso de provocar ruidos a medianoche, arrastrando sus cadenas pesadas que rezuman ecos a lo largo de los pasillos.
Al primer encuentro con el señor Otis, el fantasma, tan seguro de su poder terrorífico, sufre un nuevo desencanto al comprobar con sus ojos de muerto andante que el ministro, en vez de paralizarse y morir de pánico, más bien muestra una actitud práctica y decide aplicar aceite a sus cadenas para así contrarrestar el ruido. Rabioso, regresa a su lugar secreto y se rebana los sesos tratando de buscar otra forma de causar miedo. Por primera vez en varios siglos dedicado a la intensa labor de espantar vivos, enfrenta un desafío inusual que pone a prueba sus habilidades fantasmagóricas. Por eso se ingenia otra manera, una más eficaz, que desatará toda su ira acumulada. En su próxima aparición, a medida que camina con la determinación sobrenatural que tienen todos los espectros para desatar rumores en los que vivimos esta realidad, a paso firme atraviesa uno de los cuartos. Una broma inesperada causada por los inquietos gemelos lo hace tambalear y, de su aspecto frívolo, sólo queda un despojo.
Encuentro casual
Ya resignado a su suerte y al borde de asimilar la idea de convivir con los Otis, un encuentro casual con la joven Virginia forja un rumbo en el corazón del fantasma. La dulce joven descubre, con su tierna manera de escarbar la soledad y la congoja aún de los mismos espectros, el lado noble de la criatura. Sin embargo, una extraña desaparición de la joven ahora sí desata el pavor en todos los Otis, quienes revuelan por todos los rincones de la amplia mansión sin hallar rastros de su bella presencia.
De esta manera, vertiginosa, inusual, cómica y sentimental, Oscar Wilde nos enseña que una historia, por muy sencilla que parezca, puede captar la atención siempre y cuando los momentos se alternan a través de momentos confusos. Son tantas las apreciaciones que pueden derivarse de este relato; una de ellas (quizás la más evidente) puede ser una parodia al terror, o se considera una sátira a las convicciones de una época asolada por las supersticiones, o bien podría ser un símbolo de nuestros secretos más sórdidos que transcurren en el interior como fantasmas solitarios y que jamás permitimos que nadie los habite por temor a exponer nuestro lado menos humano.
Queda en la expectativa de los lectores descubrir estas o más conclusiones de una gran obra que Panamericana Editorial nos ofrece gracias a una brillante ilustración en cuya portada nos acerca de inmediato a un mundo sombrío, y mucho mejor, poderla leer en esta ocasión, en su idioma primario.



