“Polvo eres”

Padre Diego Arcila

Comprender el misterio de la vida y de la muerte será siempre un reto permanente para la humanidad. Por más avances tecnológicos, inteligencia artificial y adelantos científicos que alcancemos, continuamos percibiéndonos frágiles, limitados y profundamente necesitados. Las preguntas aumentan mientras las respuestas parecen disminuir con el paso del tiempo. Exploramos el universo, descendemos a las profundidades del mar y perfeccionamos máquinas cada vez más complejas; sin embargo, la sabiduría antigua del libro del Eclesiastés sigue resonando con fuerza: “todo va al mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo al polvo volverá”.
El próximo miércoles celebraremos la tradicional jornada de la Ceniza, día en que muchos católicos, e incluso personas que no practican activamente la fe, acuden a los templos para recibir en su frente el signo de la cruz elaborado con la quema de los ramos benditos del año anterior. Esta práctica tiene raíces en el pueblo judío, que utilizaba la ceniza como expresión visible de penitencia, humildad y oración confiada al Dios creador de todo cuanto existe.
La ceniza simboliza la finitud humana, la conciencia de nuestra pequeñez y la vanidad de aquello que consideramos absoluto. Nos recuerda la nulidad de la criatura frente a su Creador y abre la posibilidad de iniciar un tiempo de arrepentimiento sincero, penitencia auténtica y transformación del corazón. Hoy escuchamos con frecuencia frases como: “pecado es lo que no se hace”, “de qué debo arrepentirme si nada debo” o incluso “para qué arrepentirme si volveré a fallar”. Tales expresiones pueden hacernos olvidar que existe un Dios que desea nuestro bien y que muchas de nuestras decisiones necesitan cambio porque generan dolor, vacío y frustración.
Recibir la ceniza implica reconocer ante Dios que nada somos sin su amor y presencia. Significa aceptar nuestra fragilidad, admitir errores y decidir corregir pasos equivocados para volver el rostro al amor verdadero. Las guerras entre potencias, la violencia cotidiana, la pérdida de un norte espiritual, la desesperanza ante problemas diarios, las tristezas profundas y las depresiones crecientes nos interpelan con fuerza. Este tiempo de Cuaresma se presenta como una invitación urgente a buscar con todo el ser a Dios, fuente de sentido y horizonte para la existencia.
¿Por qué no permitir que Dios actúe en el corazón? ¿Qué lo impide realmente? Acudir con fe y sencillez al rito de la ceniza puede marcar el inicio de un tiempo nuevo. Dejarse abrazar por Dios siempre vale la pena. Polvo somos, pero mientras vivamos, podemos ser luz, paz y bondad. Que la participación masiva en los templos se traduzca en un compromiso auténtico de vivir mejor, amar más y caminar hacia una felicidad verdadera y duradera. Polvo somos, pero mientras estemos en este mundo, seamos luz, paz, bondad y hagamos de nuestra vida, unida a Dios, un signo de que se puede ser mejor, siempre mejor y muy feliz.

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