Una hinchada que resiste, pese a sus propios dirigentes

Escrito por:
Sebastián García
Periodista del Diario del Otún

Este viernes, el Deportivo Pereira se medirá ante el Deportivo Pasto, uno de los punteros de la Liga BetPlay. En el papel, es un partido clave para que el equipo de Arturo Reyes consiga por fin la primera victoria del año. En la realidad, es un examen mucho más profundo: el de la dignidad institucional frente a su propia hinchada.

Porque si algo ha quedado claro en los últimos meses es que el problema del Pereira no es solo futbolístico. Lo deportivo preocupa, sí. El rendimiento no aparece y la ilusión se diluye jornada tras jornada. Pero lo realmente indignante es la desconexión total entre la dirigencia y la ciudad.

Después de limitar durante semanas la posibilidad de acompañar al equipo, ahora permiten el regreso del público… pero con precios que parecen diseñados para espantarlo. 55.000 pesos en occidental y 100.000 en VIP. Y eso sin contar el traslado hasta Armenia: peajes, gasolina, transporte, comida. Para muchas familias, ir al estadio será un lujo, no una fiesta.

Álvaro López, máximo responsable administrativo del club, debería explicar con claridad cuál es el proyecto que tiene entre manos. Porque lo que se percibe no es una estrategia deportiva sólida ni un plan institucional que fortalezca el sentido de pertenencia. Lo que se percibe es improvisación, frialdad empresarial y una alarmante falta de respeto por una hinchada que nunca ha abandonado.

El Deportivo Pereira no es una marca vacía. No es un negocio cualquiera que se ajusta a la lógica de la oferta y la demanda sin contexto social. Es patrimonio emocional de una ciudad entera. Y cuando desde la dirigencia se toman decisiones que golpean directamente a quienes sostienen al club, el mensaje es devastador: la gente estorba.

¿Hasta cuándo? ¿Qué más tiene que pasar para que la administración entienda que sin hinchada no hay institución? Resulta contradictorio que luego se hable del bajo nivel del fútbol colombiano en torneos internacionales, cuando muchos clubes son manejados con visión corta, sin estructura deportiva clara y sin respeto por su base social.

Aun así, la tribuna responderá. Porque el amor por el equipo está por encima de los directivos de turno. Este viernes habrá matecañas en el Centenario, haciendo sacrificios económicos, viajando kilómetros, alentando como siempre. La diferencia es que ahora no solo exigen goles y resultados; también exigen coherencia, transparencia y respeto.

El equipo tiene la obligación de responder en la cancha. Pero la dirigencia, encabezada por Álvaro López, tiene una deuda aún mayor: reconciliarse con la ciudad y demostrar que está a la altura de la historia que administra. Porque la hinchada sigue firme. Y no por ustedes, sino a pesar de ustedes.

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