El sector cultural del país recibió con pesar la noticia del fallecimiento de la artista y gestora cultural Liliana Angulo Cortés, quien se desempeñaba como directora del Museo Nacional de Colombia. La creadora murió en la noche del 21 de febrero de 2026, luego de afrontar un prolongado proceso de salud, según confirmó su familia a través de un comunicado.
Angulo, de 51 años, asumió la dirección del museo en abril de 2024, tras ser designada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Su nombramiento fue interpretado como un reconocimiento a una trayectoria sólida en la investigación y producción artística enfocada en las identidades afrodescendientes y en la reflexión crítica sobre el lugar de estas comunidades en la historia del arte.
Formada en la Universidad Nacional de Colombia, donde se especializó en escultura, y con maestría en Artes de la Universidad de Illinois en Chicago, construyó una carrera que integró creación, curaduría y gestión cultural. Su obra transitó por la fotografía, la instalación y la escultura, y dio lugar a exposiciones individuales y colectivas en escenarios nacionales e internacionales.
Antes de liderar el Museo Nacional, ocupó cargos estratégicos en la institucionalidad cultural de Bogotá, desde donde promovió políticas orientadas a fortalecer la visibilidad de las tradiciones afrocolombianas y a impulsar procesos de reparación simbólica a través del arte.
Uno de los proyectos que marcó su gestión fue el impulso al Museo Afro de Colombia, una iniciativa concebida para tener sede en Cali y dedicada a destacar las expresiones artísticas afro en el país. Para Angulo, la cultura era una herramienta fundamental para la construcción de memoria y el reconocimiento histórico.
En un pronunciamiento institucional, el Museo Nacional resaltó que su administración estuvo guiada por principios de antirracismo, enfoque decolonial y reparación histórica, orientando la narrativa museográfica hacia una representación más amplia de la nación pluriétnica y multicultural.
Con su partida, Colombia pierde a una de las voces más influyentes en la discusión contemporánea sobre identidad, memoria y representación en el arte. Su legado permanecerá en las transformaciones institucionales que lideró y en una obra que abrió espacios de diálogo sobre la diversidad cultural del país.



