Por Julián Cárdenas Correa
El “chicken game” o “Juego de la gallina” es un concepto de teoría de juegos que se utiliza para explicar conflictos estratégicos que avanzan hacia una confrontación peligrosa (Invoquemos, para más claridad, el recuerdo de aquellas películas en las que vimos dos vehículos que van, uno contra otro, a toda velocidad, y en donde “la gallina” es quien primero tuerce su timón).
En ciertas ocasiones somos nosotros contra el mundo, o contra el destino, o contra la vida, quienes jugamos ese chicken game… No sabemos quién debe “torcer” su dirección para salvarnos…
Por otro lado, hay “apuestas”, o intentos de predicción sobre las que nadie quisiera tener razón. Cuando se plantean ciertos escenarios negativos, por ejemplo como aquellos que se planteaban respecto al tipo de cambio cuando llegó al poder Gustavo Petro. Esos vaticinios, más que predicciones, eran escenarios de alerta negativos que estaban determinados por las políticas económicas que emprendiera, el entonces, nuevo gobierno.
Ahora bien, ciertas predicciones no son tales, son simplemente unas casi certezas. Hablar de sentencias es muy gris, pero por oscuro que ello sea, el tratar de evitar hablar de temas oscuros, no hace evitables esos eventos que se aproximan y, en algunos casos, así eludamos la conversación, efectivamente nos veremos abocados a realidades que infortunadamente son ineludibles.
Voy a poner tres ejemplos de vehículos que se aproximan a nosotros a alta velocidad, con el absoluto ánimo de embestirnos, pero que por este gobierno y todas las malas discusiones que se nos plantearon, casi todas de puro pasado, de querer borrar mucho de lo que existía; creemos que las amenazas, o no existen, o pueden ser barridas debajo del tapete.
Implementación de IA en la vida diaria de las empresas y empleados y el impacto en la mano de obra, la acelerada disminución de la natalidad y su impacto en pensiones y sector educación y, una que molesta o incomoda (Por el resentimiento que se ha generado en contra de los inversionistas y el empresariado en general): la mínima inversión en capital por parte de los inversionistas. Estos vehículos están, queramos o no reconocerlo; sentenciando nuestro futuro.
Sobre el impacto de la IA y el de la natalidad, ya hemos escrito en este espacio, más no así sobre el tercer aspecto, el de la inversión.
El tema de la inversión es quizás de esos temas que, por técnico, nadie analiza y pasa como si no existiera. Un tema técnico, por técnico que sea, no deja de afectarnos e influir en nuestras vidas.
La semana pasada salió este dato (La República – 17 de febrero 2026): “La inversión alcanzó su nivel más bajo en dos décadas con participación del 16% del PIB”. Así no entendamos mucho ese titular, lo que está diciendo es que las máquinas viejas no están siendo renovadas, los edificios y la infraestructura que se está quedando obsoleta, no está siendo reemplazada a la misma velocidad de obsolescencia y que productos con propiedad intelectual tampoco están siendo atractivos como destino de inversión.
El gobierno celebra los picos de consumo, pero eso es como endeudarse para gastar sin pensar en la pensión, ni en adquirir casa, ni carro, y mucho menos prepararse y ponerse a estudiar un posgrado.
El futuro nos dirá si hicimos bien… pero lo más probable es que no. Y en este juego de la gallina no tendremos cómo tener control del timón, simplemente veremos cómo caemos lejos de lugar del choque, de la embestida.

