SIGAMOS ANDANDO Y RECORDANDO

Por HÉCTOR TABARES VÁSQUEZ)
Redundando en esta clase de entretenimiento, en la cual se constituye la edad y de por sí es convertida en un común denominador del ser, estar del trascender en sí mismo, no es posible desprenderse de esas tareas en otrora parte vital del transitar la existencia, volviendo sobre aquellos itinerarios temporales, fugaces, casi obligatorios, imperativos, necesarios, seguramente instrumentos de la necesidad transformada en placer. Y son recorridos transmutados en viajes al pasado, en modo de repetición con el difícil y nefasto encargo de confrontación tan válida, a la vez oportuna, para el momento de volver a realizarla. No es otra diversa a la llevada a cabo siempre en las horas nocturnas o en los días de descanso, del estudio cuando el cuerpo, las condiciones económicas y la amplia confianza hogareña precipitaba a introducirse en la maraña de la ciudad, tomando los atajos del bajo y escaso valor material; atravesando las rutas de las vitrinas, de los almacenes, los lugares de recreo y de solaz; en una acometida de las fases asaz desconocidas imposibles de disfrutar en forma directa y especial. Coger séptima abajo. desde muy arriba, siguiendo hasta el parque de la Libertad, paseando alrededor de la plaza de Bolívar, continuando hacia el Lago y efectuando, poniendo en acción la mal llamada “vuelta del bobo”. La diversión era traducida en deleitar el ojo mirando los sitios donde anidaban esquivos los artículos deseados, las famosas y escasas localidades expendedoras de los manjares ajenos del bolsillo de la época, sin dejar de admirar y envidiar aquellas golosinas del agrado, ubicadas en escenarios de entrada prohibida. Y Naturalmente y debido a obvias razones, este comportamiento es inviable cumplirlo en la actualidad, no solo a causa del veloz y raudo movimiento de cronología rauda e incapaz de pararse, también motivada en la carrera loca e inquietante de la industria, el comercio y la política; cada quien enfrascado en sus propios intereses, allende la finalidad social y comunitaria, primando mayormente lo tangible, la promesa, la figuración y la de profundo y enigmático utilitarismo. Resulta indispensable echar mano del beneficio proporcionado en los progresos de la ciencia y la tecnología, siendo exigencia categórica el proceder así en atención a un normal discurrir de las sociedades, los pueblos, la civilización misma. Lo desconcertante del asunto estriba en como la mentalidad del grueso de las gentes y dirigentes, en cierto sentido, impregnándose de esos avances y de la modernización de determinados elementos, de los empleados en las diferentes labores del hombre. Ahora, es todo lo contrario en cuestión de espiritualidad, de apego a las prácticas sanas, productivas. Observando las culturas y razas de antes, analizadas al tenor de lo vertido ahora, suena un poco ridícula la comparación, en la medida de no significar un desatino aludir al retroceso, a quedarnos más bien en la barbarie, las guerras, aspectos que en manera alguna pudimos superar. Dentro de temática, quizás reiterativa, no es factible variar el rumbo en el cometido de no viabilizares un brusco cambio de inclinación en un pensamiento formado según la tendencia a considerar la trayectoria propia y regular calcada de costumbres matizadas y coloreadas de filosofía, la cotidianidad constructiva, el amor, trasladadas a ideología fundamentalmente tradicional

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