Alexander Ríos Arboleda
En un evento inconcebible para el fortalecimiento partidista, las organizaciones políticas liberal y conservadora, no presentan a la fecha candidatos a la mayor dignidad de Colombia como es la de ocupar la Presidencia de la República, enviando un mensaje que en sus cuadros nacionales y regionales han bajado la guardia en el proceso de consolidar liderazgos con discursos que conecten con las problemáticas del país. La especialidad hoy de los partidos tradicionales es la conservación de los espacios de poder en el legislativo, y transar con el electo presidente en el ejecutivo, las posiciones de dirección para el manejo del gobierno nacional. A todo esto, se agrega una lasa legislación electoral, donde la proliferación de partidos y movimientos políticos es tal, que solo se diferencian entre sí en el color de sus escudos, porque de contenido ideológico muy poco. De igual forma la inscripción de candidatos por firmas, en algunos casos se convirtió en una empresa de avivatos que tiene algunos aspirantes no certificados en líos judiciales.
Al liberalismo y el conservatismo los dejó el tren, en otrora protagonistas de titánicos debates, llevando al solio de Bolivar algunos hombres de ejemplares ejecutorias en el desarrollo de Colombia. Estos partidos deberán después del 13 de marzo, fecha límite de inscripción de candidatos a la Presidencia de la República según el calendario electoral, evaluar con sapiencia el apoyo a uno de ellos, basados en primer lugar en la defensa de la Nación, ahora que la delincuencia ha tomado un nuevo aire con la permisividad de la actual administración del Pacto Histórico, con realidades como el asesinato del aspirante presidencial Miguel Uribe Trubay, y la amenaza a varios de ellos por solo pronunciar la palabras de restauración de autoridad y el orden, de un Estado mancillado por los terroristas. El reclutamiento de niños, el asesinato de soldados y policías, las extorsiones, el secuestro y el avance de la violencia en el campo y las ciudades, completan el marco de la realidad del país, y no podemos llegar a la situación mexicana, en donde estos carteles de la droga y la delincuencia mandan en sus territorios, cuando el progresismo en el poder fracasó con su ingenua política de abrazos y no balazos. Sin seguridad no hay inversión, y sin inversión no hay apuesta a la disminución del desempleo y la pobreza.
P.D. Del negacionismo de la dictadura venezolana, apoyada por los gobiernos progresistas del mundo, a la realidad en terreno, en donde se confirma que, si había miles de presos políticos en las cárceles, la corrupción estatal cabalgó por todos los estamentos, los dineros robados se encuentran en paraísos fiscales, la mano negra del gobierno cubano era real cuando cientos de sus actores han salido de nuevo para la isla. Y día a día se confirmará el legado funesto de la dictadura, hasta llegar por fin a unas elecciones libres.

