Juan Hurtado Cano
Solo en nuestra atribulada Patria se registran estos casos de total ausencia de humanidad y respeto con los pacientes que tiene el Estado la obligación perentoria de atender de manera puntual, por mandato de nuestra Constitución que aprobó la asamblea Nacional constituyente en 1991, y con un integrante como Antonio Navarro de Copresidente (del M-19) al lado de sus dos colegas en misma dignidad como fueran nuestro líder sacrificado Álvaro Gómez Hurtado y Horacio Serpa Uribe.
Pero, contra viento y marea, el demagogo y energúmeno Ministro de salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, continúa en veloz carrera por destruir nuestro sistema de salud, siguiendo las instrucciones de su lunático e incendiario Jefe, Petro, mientras el pueblo sigue muriéndose en las antesalas de los hospitales y clínicas a lo largo y ancho de la República, cuando aquéllos han decidido desconocer la orden del Consejo de Estado de suspender el infame “Decretazo” 858 del año anterior, por constituir una burla olímpica a la justicia.
Y ahí siguen muriendo personas, niños como Kevin Arley Acosta, en la Fundación Hospital Infantil Universitario de San José de Bogotá, padeciendo de hemofilia y sin recibir medicamentos oportunos, y adultas mayores, como doña Cecilia Quintero, esperando dentro de un fallido dispensario de la Nueva EPS en Cúcuta la entrega de medicamentos para ella, para su hijo y esposo, también gravemente enfermos, y la pobre mujer se desvaneció fatalmente, frente a total pasividad del perverso y dictatorial inquilino de la casa de Nariño y de su cómplice ministro de la salud.
Por todas estas infames conductas, que tienen a millones de compatriotas anegados en un mar lágrimas y desesperación, es que este indolente funcionario Jaramillo debería haber renunciado hace rato a esa cartera ministerial, no sólo por su incapacidad, sino por su cinismo y maltrato a todo el que tiene que ver con nuestro sistema de salud, pues donde llega reciben los funcionarios el consabido maltrato que su carácter imperial y grotesco desata, sin consideración alguna. En días pasados, en Medellín, este irresponsable les espetó en la cara al director de un centro hospitalario y a sus funcionarios, cuando lloraban por el no giro de los recursos para pagar sus salarios, ganados con su trabajo honrado, la frase “es que los ricos también lloran”, con lo que demostró hasta la saciedad su desfachatez sin límites.
Nunca había tenido la nación en gobierno alguno un energúmeno como este sujeto Jaramillo que se burla sin compasión de unos conciudadanos que merecen todo el respeto y consideración. Que Dios nos tenga su mano Providente en los pocos meses que faltan para terminar esta horrible noche del espantable gobierno izquierdista al que diariamente le surgen los más increíbles escándalos dentro de esa bien engrasada cadena de corrupción, que por lo general termina enmarcada en la más cruda impunidad y, para mayores señales, debemos registrar el caso patético del mejor cómplice y amigote del señor Petro, don Carlos Ramón González, exdirector del Dapre y saqueador de la UNGRD, hoy prófugo de la justicia en Nicaragua, protegido por la inefable dictadura comunista del señor Daniel Ortega y de su embrujada esposa, la Vicepresidenta Rosario Murillo, campeones de la corrupción en las Américas, aunque no por mucho tiempo, porque el señor Trump los tiene en la mira, por fortuna.

