Lo que la gente quiere escuchar

Por Julián Cárdenas Correa

Roy Jenkins en su biografía de Churchill afirma del líder británico que este opinaba que “el gasto debía estar determinado por las necesidades (interpretadas con generosidad) y no por los recursos”. Todos conocemos a personas que viven según esa máxima. Mucha gente se endeuda y vive endeudada, por el simple hecho de que no poseen la disciplina ni la capacidad para adecuar su nivel de gasto de manera que se corresponda con su nivel de ingreso.

Si una persona vive de esa manera, allá ellos. Uno no se mete en la vida de los demás y si alguien quiere empeñar su futuro, si alguien sacrifica su consumo de mañana (bienestar futuro) y se decanta por consumo presente, pues no nos metemos.

Así como a Churchill le funcionó tomar decisiones así y vivir de esa manera, sabemos que muchas veces a las personas que así deciden y así actúan, la suerte no les sonríe y se ven abocados a uno niveles de endeudamiento que llevan la vida a una pesadilla, esta sí, sin fin.

No somos quiénes para definir si alguien es irresponsable si define esta ruta en la vida. 

Pero cuando se habla de política económica sí nos corresponde preguntarnos: Debemos aceptar estar condenados a un altísimo nivel de endeudamiento porque un gobernante irresponsable como Gustavo Petro decidió que las necesidades de los ancianos no pensionados, de los soldados y policías, de quienes no tienen tierra, de quienes se ganan el salario mínimo, ameritaban una actuación que, desde el gasto, requería el tipo de manejo y de reflexión de Churchill: Que el Gasto del Estado debía estar en función de esas necesidades, y no del disponible.

Explicarle a los colombianos en general el deber ser no conduce a nada. O si, conduce a algo, a tener pocos votos. En un proceso electoral la gente no quiere oír de motosierras (Refiriéndonos al recorte de gasto). Seamos honestos con nosotros mismos. Para millones de colombianos es mejor imprimir dinero, que sacrificar las necesidades.

Explicar lo de la inflación sobra. Y sobra no por poco relevante, sino por la escasa sensatez de lo que estamos viendo es el electorado colombiano.

No habrá un Milei en Colombia que proponga un recorte extremo del Estado y de sus gastos, y vea cómo millones van y votan por él.

El electorado colombiano está más inclinado a creer que los ricos nunca quisieron que se gastara en los pobres. El electorado no está interesado en que le expliquen el grado de irresponsabilidad de las políticas emprendidas por este gobierno.

El electorado colombiano se inclina más por creer que habrán muchas universidades públicas, que efectivamente habrá un tren que conectará Buenaventura y Barranquilla y un aeropuerto internacional en la Guajira. 

Si a ese electorado se le demuestra que de las decenas de universidades sólo se construyó una, y que el tren y el aeropuerto  en cuestión no existieron ni existirán, igual no le importa. Siempre habrá ricos, empresarios, políticos de otros bandos a quienes echarle la culpa.

Por primera vez en nuestra historia reciente, muy probablemente las elecciones se definan por los políticos que más nos mientan en la cara.

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