Juan Guillermo ?ngel Mej?a
Columnista
No es una novedad que la Corte Constitucional se abrogue funciones que le corresponden al legislador, es ella quien define si una ley se ajusta a la Constituci?n, tal como lo ordena la misma carta magna, hasta allí llegan las funciones.
El debate sobre la conveniencia y quiz?s la legalidad del texto de la ley estatutaria que regula la operaci?n de la JEP, remitida para su ratificaci?n al se?or presidente de la Rep?blica, radica en que lo que recibi? Duque no fue lo que aprob? el Congreso, el ponente, quien de sobremesa actu? como asesor en La Habana, raz?n mas que suficiente para declararse impedido, redact?, como a bien le pareci?, cuatro art?culos, modificaciones que, a juicio de la Fiscal?a no solo son el resultado de una extralimitaci?n de poder sino que modifican en su escencia el acuerdo de paz.
En efecto el acuerdo es un cese al fuego, un compromiso solemne con la verdad, a reparar a las v?ctimas y de no continuar delinquiendo puesto que ya no existe el enfrentamiento. El ponente modific? y de esta manera garantiza la impunidad a los delitos continuados desde entonces y para siempre, en pocas palabras otorga la impunidad a perpetuidad para las FARC.
El otro tema del que se ocupa la nueva corte es el de la extradici?n de Santrich, quien es reclamado por seguir traficando con coca?na. La JEP ha solicitado mas pruebas y Los Estados Unidos responde que ha enviado suficiente evidencia que demuestra las fechas cuando se recibieron los dineros producto de una negociaci?n de coca?na.? Ahora aparece un nuevo caso, un ex M19 y congresista y un fiscal de la? JEP son capturados en fragancia recibiendo d?lares a cambio de evitar la extradici?n de un negociador en la Habana y ahora congresista, aquel quien ri?ndose cantaba: quiz?s, quiz?s, quiz?s, a su eventual arrepentimiento por el dolor causado, quien fuera capturado cuando depart?a con conocidos narcos mexicanos y recib?a un anticipo millonario por un negocio de toneladas de coca?na.
En nuestro concepto La Paz conseguida a un muy alto costo, es un precio que pagamos a cambio de evitar mas muertes y desolaci?n, es por lo tanto algo que debemos cuidar y mantener ya que cada fusil menos es una vida que se salva, cada bomba contra el oleoducto es una bendici?n para la naturaleza ya bien golpeada y malamente herida, cada secuestrado que regresa a su hogar es una alegr?a que no tiene precio.
Pero lo menos que podemos esperar es que el acuerdo se cumpla, con sus defectos y concesiones as? ellas sean inaceptables para muchos pero que se cumpla, que no se viole la palabra empe?ada, que se entreguen los dineros y los bienes obtenidos con la fuerza de las armas, y que, y esto es fundamental no se siga delinquiendo y menos, mucho menos que se utilicen los dineros que se prometieron entregar para comprar conciencias, entorpecer la justicia y comprar impunidad para delitos continuados.
La JEP no resiste más enc?ndalos ni puede albergar a más delincuentes y tiene la obligaci?n de cumplirle a Colombia de la manera más obvia, haciendo justicia aquella olvidada la de la balanza en una mano y los ojos vendados para evitar prejuicios y decisiones tendenciosas. Ojal? la misma JEP abandone esa confrontaci?n con los otros poderes, ofrezca garant?as y juzgue, porque lo que hasta ahora no nos permiten ver, y lo que estamos viendo, el carrusel de los contratos, las declaraciones secretas y la peleas por competencias siembran dudas para decir lo menos.
