Alberto Zuluaga Trujillo
Columnista
De un pasado lleno de gloria a un presente cubierto de verg?enza, el conservatismo de Risaralda en manos de Sammy Merheg viste la camiseta campeona que lo distingue como el partido más corrupto del Departamento. Preocupados, lo hemos denunciado sin cortapisas desde estas columnas, buscando concitar el sentimiento de quienes, de verdad, han profesado su ideolog?a para salir en su rescate.
Un Partido que prefiri? engavetar sus postulados de profunda reciedumbre moral, pleg?ndose a los distintos gobiernos para hartarse de las migajas del poder, es hoy un leproso que a pedazos cae, v?ctima de apetencias personales. Pero la suerte de los demás partidos no es diferente a la conservadora por la sencilla raz?n de que los mismos dejaron de ser los mecanismos id?neos para el debate de las ideas que es, en ?ltimas, lo que menos les interesa.
La derrota de los proyectos anticorrupci?n afianz? la continuidad del voto preferente que garantiza el ?xito de las miniempresas electorales, que de mini, ya poco tienen y s? mucho de poderosas y bien estructuradas organizaciones criminales. Buscando crear conciencia sobre el dif?cil momento, nos dimos a la tarea de reunir a un grupo de personas todas ellas due?as de un liderazgo que en el pasado cimentaron la fortaleza de uno de los movimientos pol?ticos más importantes que tuvo Risaralda, hoy retirados a sus cuarteles de invierno al amparo de una discreta organizaci?n altruista, los cuales, ?oh sorpresa!, manifestaron su poco inter?s de participar de un pronunciamiento aduciendo desgano y enfriamiento.
?Qu? ha sucedido? ?Por qu? el conservatismo se ha venido a menos? La ausencia de una reconocida jefatura al interior del Partido coincide con la entrada en escena del Centro Democr?tico dirigido por el? hombre más significativo hoy de la derecha colombiana, el expresidente ?lvaro Uribe, cautivando a un grueso e importante sector del conservatismo que, c?modo y seguro, se siente bajo su liderazgo, sin sentir el más leve asomo de traici?n con sus principios doctrinarios, fundamentados en el orden y la libertad.
Se hace necesario entonces estrujar la conciencia conservadora y entender que los valores morales que con ah?nco hemos defendido a lo largo de sus 170 años de existencia, hoy más que nunca claman por su? aplicabilidad, en una sociedad enferma que urge de nuevos conductores que le den la certeza de una di?fana direcci?n.
Conservatismo, indudablemente hay mucho, lo que no hay es Partido y es eso lo que estamos proponiendo: hombres valerosos dispuestos a enarbolar su bandera en cada uno de los municipios de Risaralda, para devolverle la dignidad perdida y si en esa batalla hubiese que enfrentar a la Directiva Nacional, la enfrentaremos con arrojo y entusiasmo en el convencimiento de que en el irrestricto apego a sus mandatos tutelares, encontraremos el respaldo suficiente para volver por los fueros de unas sanas administraciones que jalonen el progreso de los municipios y reivindiquen el buen nombre que en el pasado ostentara el Partido Conservador. Preguntamos entonces: ?Hay guardi?n de la heredad?
