H?ctor Tabares V?squez
Columnista
Sin desconocer la enorme complejidad de la problem?tica de unos pa?ses en v?as de desarrollo, al decir de los de ?ste lado del mundo, no es menos inquietante la correspondiente a la nuestra propiamente dicha. La ancestral lucha intestina originada en m?ltiples factores, de orden econ?mico, social y pol?tico, ha generado, a su vez, conflictos de car?cter regional y provincial, tampoco de nivel inferior al comentado.
No es un acontecer de ahora, advertir la existencia de grupos insurrectos, ocupando amplias y productivas zonas rurales, ante la mirada at?nita de los presionados a someterse a designios nada santos. La ausencia de la autoridad representada en diversas entidades del Estado, es notoria y aguda, en la medida en que cada d?a avanza el dominio de quienes la ?nica licencia en el cometido de obrar, es el de la violencia, el secuestro, la explotaci?n de la riqueza nacional, actuando radicalmente en la infinidad de los frentes il?citos posibles.
Desde luego, no es de recibo aludir a un hecho de tanta realidad en un sentido general y obviamente en franjas urbanas y pobladas o en el centro de la patria. Pero si esa falta de acompa?amiento de los entes oficiales, es captada en una ciudadan?a incomoda y descontenta, en una localidad incr?dula y desconfiada, donde hay comunicaci?n y medios de transporte, no resulta sensato hacer la misma deducci?n respecto de aquellos sitios distantes de la civilizaci?n en los cuales encontramos el asiento de cr?ticas y desconcertantes situaciones de abandono y desesperanza.
Uno de los grandes entuertos, de las graves y acentuadas circunstancias sobre cuyas ra?ces es mucha la tela cortada, es precisamente la molestia de la deuda campesina hist?rica e irresponsablemente considerada en todos los tiempos y ?pocas, al margen de la ?ndole de gobierno o de corriente ideol?gica en ejercicio. Esta es una tarea pendiente a cargo de los dirigentes y de una clase incapaz de frenar el auge de una soberan?a instaurada, tolerada, inmarcesible, sentando bases y desplegando se?or?os a trav?s de una estela de caos y de an?rquicas acciones. Mayormente es la desaz?n, cuando es perceptible el despojo de tierras, la invasi?n de parcelas, la utilizaci?n de los bienes p?blicos en acrecentar el vicio y los negocios totalmente contrarios a las convicciones o credos.
El individuo del com?n, las personas conscientes de la necesidad de erradicar los puntos neur?lgicos del asentamiento de la irregularidad e ilegalidad, debe estar alerta y vigilante, llamar la atenci?n acerca de la obligaci?n imperiosa de los diletantes del mando, de exigir y de provocar el volcamiento de verdaderas maniobras y cruzadas encaminadas a poner la pica en Flandes, denunciando y protestando cort?smente de cara a los voceros indicados al efecto. L?gicamente, no es una novedad el tema, empero s? es sorprendente el incremento y la voracidad de los ambiciosos del poder, excedi?ndose consuetudinariamente en unas actividades inexplicablemente consentidas.
