Exposición de arte de Fernando Botero llega por primera vez a Roma

A partir de este miércoles, tanto residentes como turistas podrán admirar ocho de sus obras más famosas en lugares emblemáticos como la plaza del Pueblo y la plaza de España, en una exposición que habría “conmovido” al maestro, según afirmó su hija y comisaria de la exposición, Lina Botero.

“Para nosotros es un privilegio enorme”, expresó Lina Botero a la Agencia EFE. “Él estaría conmovido de ver sus obras en lugares tan icónicos del centro histórico romano”. La exposición al aire libre, titulada “Botero en Roma”, llega a la Ciudad Eterna en un momento de intensa renovación debido al inminente Jubileo de 2025, lo que añade complejidad a la muestra.

Las ocho esculturas de Botero, que han sido presentadas en más de 25 exposiciones alrededor del mundo en lugares simbólicos como los Campos Elíseos en París, Park Avenue en Nueva York, y la puerta de Brandeburgo en Berlín, ahora se exhiben en Roma. La muestra parisina de 1992 marcó el inicio de “un recorrido extraordinario” que también ha llevado las obras a ciudades como Los Ángeles, Madrid, Shanghai y Hong Kong.

El Ayuntamiento de Roma ha creado un “paseo romano con Botero” que comienza con la “Venus durmiente” (1994) y la “Mujer extendida” (2003) en la Terraza del Pincio, en el parque de Villa Borghese. Desde allí, se eleva sobre la Plaza del Popolo, donde se pueden apreciar “Adán y Eva” (1992). El recorrido sigue por la céntrica Via del Corso hasta el Largo Lombardi, donde se ha colocado el “Caballo con bridas” (2009), mientras que el voluminoso “Gato” (1999) ocupa la plaza de San Lorenzo in Lucina. En la plaza de San Silvestro, una “Mujer sentada” (2003) observa a los paseantes, y otra “Mujer sentada” de bronce (1991) cierra el homenaje en la majestuosa plaza de España, frente a la Embajada española ante la Santa Sede.

Miguel Gotor, concejal de Cultura del Ayuntamiento romano, calificó el recorrido como “uno de los paseos más formidables de la ciudad”. La muestra permanecerá abierta hasta el 1 de octubre, permitiendo a romanos, turistas y curiosos disfrutar del legado de Botero.

Las obras de Botero en Roma también destacan el vínculo especial del artista con Italia, su “segunda patria”. Lina Botero recordó cómo su padre llegó como un joven pobre a Madrid a los 19 años, donde se enamoró del arte renacentista. Un encuentro fortuito con un libro sobre un fresco de Piero della Francesca cambió su vida, llevándolo a estudiar en Florencia. Este periodo fue fundamental para que Botero desarrollara su distintiva fascinación por el volumen, algo evidente en sus primeras acuarelas y que se convirtió en el sello de su obra.

Desde 1973, Botero también se dedicó a la escultura y en los 80 adquirió una casa en Pietrasanta, una pequeña localidad toscana conocida por sus canteras y marmolistas. Allí, Botero pasaba los veranos y sentía un profundo respeto por los artesanos locales, un respeto que se refleja en sus esculturas.

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