Salvando las raíces musicales en los Montes de María: El bullerengue resurge en medio del conflicto

En las esquinas de María La Baja, un pueblo colombiano anclado en la región de los Montes de María, el bullerengue solía teñir cada rincón de alegría durante el Festival del Bullerengue en diciembre. Sin embargo, esta tradición, arraigada en la identidad afrocolombiana, ha enfrentado desafíos a lo largo de los años, especialmente debido al conflicto y a la pérdida de identidad cultural entre los jóvenes.

Adriana Martínez, residente de María La Baja y maestra de profesión, comparte cómo esta localidad solía vibrar al unísono al compás del bullerengue. “María La Baja es una potencia mundial del bullerengue; desde el niño de teta hasta el anciano lo saben bailar y eso nos ha fortalecido como pueblo porque nos unimos todos en un solo grito”, explica con nostalgia mientras se resguarda del calor en su hogar.

El bullerengue, una expresión musical que refleja la riqueza cultural afrocolombiana, ha perdido fuerza en la región debido a la influencia de músicas más comerciales y, sobre todo, a los estragos del conflicto que obligaron a muchos a abandonar sus raíces y trasladarse a entornos urbanos muy diferentes.

“Mucha gente ha tomado miedo, se ha tenido que desplazar a causa del conflicto y todo eso hace que los pueblos dejen atrás, entre otros, la cultura, nuestra cultura”, lamenta Adriana Martínez.

En este contexto, la figura de Cristina Mendoza, conocida como ‘la juglar de los Montes de María’, emerge como un faro de resistencia cultural. Sus letras narran su experiencia de desplazamiento: “cuando yo me fui desplazada, llevaba en mi maleta esa memoria musical, que fue lo que nos ayudó a sobrevivir”, relata Mendoza. La música se convirtió en su tabla de salvación en la fría Bogotá, manteniendo viva la llama de su legado cultural.

“Llevarme ese legado me obliga a defenderlo, a cuidarlo, a mostrarlo”, explica Mendoza, quien utiliza cualquier escenario para transmitir su arte y su sentimiento de pertenencia, haciendo un llamado a los jóvenes para que no olviden la esencia de su pueblo.

La psicóloga Daniela Caraballo, consciente de la pérdida de interés en las actividades culturales a raíz del conflicto, aborda el tema desde una perspectiva terapéutica. “El conflicto también forzó en otras ocasiones que se quitaran las ganas de bailar, ya fuera por miedo a llamar la atención o por los duelos creados ante la pérdida de familiares”, explica Caraballo.

En un esfuerzo por preservar y revitalizar estas tradiciones, se han organizado talleres de apropiación cultural, como el que recientemente ha llevado a cabo el Ministerio de Igualdad y Equidad de Colombia. Aquí, mujeres como Caraballo comparten saberes tradicionales, desde medicinas hasta técnicas de tejido, en un intento por reconectar a las nuevas generaciones con su herencia cultural.

“Tenemos que luchar por la transmisión porque las mayores se están muriendo”, concluye Rosmary Maldonado, participante en uno de estos talleres. Mientras tanto, al fondo suena la voz inconfundible de Totó La Momposina, la reina de estos ritmos, recordando la urgencia de preservar un patrimonio musical que corre el riesgo de perderse en medio de los cambios y desafíos modernos. En los Montes de María, la resistencia cultural se vive a ritmo de bullerengue, una melodía que busca recuperar su lugar en el corazón de una comunidad aferrada a sus raíces.

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