Cuando Luis Enrique prometió un PSG más vertical, agresivo y ambicioso, no todos le creyeron. Hoy, nadie lo duda. Su equipo dejó una huella indeleble en el Emirates Stadium: ganó 1-0, sí, pero dejó la sensación de haber sido una máquina afinada al límite, que solo falló en no sellar la serie antes de tiempo. El Arsenal sobrevivió. Apenas.
La ida de las semifinales de la UEFA Champions League fue una guerra con momentos de fútbol de altísimo nivel. El PSG llegó a Londres sin complejos, con el sello de un entrenador que no admite medias tintas. Y en apenas tres minutos ya celebraba: Dembélé, con la frialdad de un veterano, definió tras una jugada de vértigo. Gol, silencio en el estadio, puño apretado de Luis Enrique. Era el principio de una noche que pudo haber sido peor para los de Mikel Arteta.
Arsenal no entendía el partido. No encontraba el balón ni los espacios, y cuando intentaba apretar, el PSG respondía con precisión quirúrgica. Doué, Marquinhos y Dembélé generaban caos en campo rival, mientras Donnarumma, impecable, se encargaba de apagar cualquier tímido conato de rebelión local.
¡YA LO GANA EL PSG! A los 3′, Dembelé marcó el 1-0 del conjunto parisino ante Arsenal.
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— SportsCenter (@SC_ESPN) April 29, 2025
Solo al filo del descanso Arsenal logró una reacción seria. Un par de llegadas, la más clara una de Martinelli, que Donnarumma resolvió como en sus mejores noches. El respiro era mínimo, pero valioso.
En el segundo tiempo, los ingleses salieron con otro tono. El VAR les anuló un gol a Merino por un fuera de lugar milimétrico, y Trossard estuvo a punto de empatarlo con un disparo que exigió al máximo al arquero italiano. Pero la falta de claridad, y el cansancio de figuras como Saka y Odegaard, conspiraron contra el empate.
PSG, en cambio, no se conformó. Pudo liquidarlo con ocasiones clarísimas: Kvaratskhelia falló solo, Barcola rozó el palo y Sergio Ramos estrelló un bombazo en el travesaño. Fue un asedio intermitente pero siempre amenazante. No cayó el segundo, pero el aviso quedó claro: este PSG está para grandes cosas.
La vuelta en París promete fuego. Arsenal necesita una noche épica. PSG, por ahora, parece no creer en nadie. Y cuando se juega así, con el hambre de quien ha esperado demasiado por la gloria europea, hay que empezar a tomarlo en serio.



