Hoy el Deportivo Pereira no se cae solo por malos resultados deportivos. El club se desmorona desde sus cimientos, y para gran parte de la hinchada y del entorno del fútbol colombiano, el principal responsable tiene nombre propio: Álvaro López, señalado como uno de los peores administradores que ha tenido el fútbol profesional colombiano en los últimos años.
Bajo su manejo, el equipo ‘matecaña’ pasó de ser protagonista a convertirse en una institución ahogada en deudas, sin reconocimiento deportivo y envuelta en un caos administrativo que parece no tener fondo. La crisis económica se profundizó al punto de que el Ministerio de Trabajo ordenó la suspensión de labores, una medida extrema que evidencia la gravedad de la situación y la vulneración de los derechos de los trabajadores del club.
Un proyecto que se derrumbó
La gestión de López dejó un club sin rumbo, sin recursos y sin credibilidad. Las salidas masivas de jugadores clave como Carlos Darwin Quintero, Ríos, Merheg, y ahora Salvador Ichazo, no son casualidad: son la consecuencia directa de una administración que incumplió compromisos, deterioró la confianza y destruyó la estabilidad deportiva.
La incertidumbre sobre el futuro propietario, con el nombre de Group Empresarios Full CCI Dubai Colombia S.A.S. en el aire, no hace más que prolongar el sufrimiento de una institución que hoy no tiene claridad ni en lo financiero ni en lo administrativo.
Ichazo, el reflejo del derrumbe
La salida del arquero Salvador Ichazo, una de las últimas figuras que sostenía al equipo, es el reflejo más claro del desastre. El uruguayo se va tras disputar 81 partidos y mantener su arco en cero en 30 ocasiones, dejando un mensaje de despedida cargado de respeto por la hinchada, pero también de tristeza por el presente del club.
Su adiós no solo es una baja deportiva: es otra señal del colapso total de un Pereira que ve cómo sus referentes abandonan un barco que hace agua por todos lados.
Un club a la deriva
Hoy, el Deportivo Pereira está sin plantel competitivo, sin reconocimiento deportivo, sin estabilidad laboral y sin un proyecto serio, producto de una administración que muchos califican como negligente y desastrosa. Para los hinchas, la sensación es de rabia contenida e impotencia: el equipo no perdió su grandeza en la cancha, la perdió en los escritorios.
Mientras no se cierre definitivamente el capítulo de Álvaro López y no llegue una administración responsable y transparente, el Pereira seguirá hundiéndose, dejando una dolorosa lección: en el fútbol colombiano, una mala gestión puede destruir en meses lo que tardó décadas en construirse.



