Con apenas 16 años y una corta trayectoria en el cuadrilátero, Andrés Felipe Serna ya empieza a escribir su propia historia en el boxeo risaraldense. El joven deportista, oriundo de La Virginia, se consagró campeón en los Juegos Intercolegiados en la categoría de 46 kilogramos, una hazaña que consiguió en Pereira y que lo llena de orgullo y motivación para seguir creciendo.
“Fueron muchos nervios. Uno siempre siente la presión de no fallar, de no hacer el trabajo como se entrena con la profesora. Pero fui con la mentalidad de que iba a quedar campeón, y gracias a Dios, así fue”, relata con humildad el boxeador, quien reconoce que el apoyo de su entrenadora, su familia y su compañero Julián fueron claves para alcanzar el título.
El campeonato se disputó en la Liga de Boxeo de Pereira, un escenario donde Cerna demostró disciplina y temple, pese a llevar muy poco tiempo en este deporte. “Para mí significa mucho, porque llevo un proceso muy corto. Empecé apenas este año, y lograr tantas cosas en tan poquito tiempo me motiva a seguir adelante”, asegura.
Su historia con el boxeo empezó casi por casualidad. “Yo salía del colegio y no hacía nada, solo caminaba o entrenaba fútbol. Pero conocí a Julián Garcia, campeón nacional juvenil en los 70 kg, que ya practicaba boxeo, y él me invitó a entrenar. Ahí conocí a la profesora y a su hermana, y poco a poco me empezó a apasionar este deporte”, recuerda.
Desde entonces, la disciplina se volvió parte de su vida. Sus jornadas empiezan a las cinco de la mañana con una sesión de trote, seguidas de entrenamientos en la tarde o al mediodía. Cuando se acerca una competencia, la exigencia aumenta: “Llegamos a entrenar hasta tres veces al día para dar el peso y llegar bien preparados”.
Aunque reconoce que el camino no es fácil por las exigencias físicas y los retos económicos—, Cerna resalta el apoyo que ha recibido: “Gracias a Dios tengo un papá que me ayuda, y la profesora siempre está pendiente de nosotros”.
Con la mirada puesta en el futuro, Andrés Felipe se prepara para su próximo desafío: el Campeonato Nacional de Intercolegiados, donde espera representar a Risaralda con el mismo ímpetu que lo llevó a conquistar su primer oro. “Con la ayuda de Dios, seguiré luchando para llegar lejos. Este apenas es el comienzo”, concluye con una sonrisa llena de sueños y determinación.



