Agosto se despidió con un muerto en el Valle del Cauca, un municipio donde la violencia crece como la maleza y siempre con la misma rutina, aparecen en moto, disparan sin piedad y en segundos se esfuman dejando solo muertos y llanto.
¿Qué pasó?
El domingo 31 de agosto, a las 3 de la tarde, la rumba en La Viejoteca del Despecho, quedó congelada cuando dos motorizados entraron sin pedir permiso y buscaron directamente a Jorge Luis Montes Contreras, agricultor de 34 años y residente en Alcalá. El ataque fue dentro del establecimiento, ubicado al interior de la terminal de transporte, donde sin mediar palabra, le descargaron varias balas que lo dejaron tendido en el suelo de la pista de baile, mientras su esposa, que lo acompañaba, quedaba en shock al ver cómo su compañero se desplomaba sin reacción alguna.
El hombre, embriagado hasta más no poder, no alcanzó a defenderse ni a entender lo que pasaba. La música siguió sonando, pero lo único que se escuchaba era el grito desesperado de su mujer.
Los sicarios
De los verdugos no se supo nada, así como apretaron el gatillo, de la misma manera arrancaron en la moto y se perdieron por rumbos desconocidos. Y ni qué decir de esperanzas, porque en ese sitio no hay cámaras de seguridad que ayuden a seguirles el rastro.
Minutos después, la Policía acordonó el sitio y funcionarios del CTI hicieron la inspección al cadáver, que presentaba múltiples impactos en diferentes partes del cuerpo. Seguidamente fue trasladado al Instituto de Medicina Legal en Cartago, donde este lunes lo entregaron a su familia para darle sepultura.



